Hannibal 3×13: The Wrath of the Lamb

Hannibal 3x13: The Wrath of the Lamb

Hannibal 3x13: The Wrath of the Lamb

Series: Hannibal

5 Stars

Summary

Will decide atrapar al Dragón Rojo con ayuda de Hannibal Lecter, para ello planea un encuentro entre ambos.

Coder Credit

Hannibal ha terminado y al igual que hiciera en temporadas anteriores lo ha hecho con un finalazo. Viviendo siempre con el miedo de la cancelación prematura, Bryan Fuller ha sabido estructurar sus finales de temporada como si fueran finales de serie, y este funciona a la perfección como tal. Un final que es perfecto. 

Lo malo es saber que este final se rodó antes de saber que la serie sería cancelada definitivamente por NBC y que, en sus inicios, estaba concebida como una serie de 5 temporadas. Esto nos deja en el mejor punto de la historia. En el clímax. ¡Y bendito clímax! Dan ganas de encender un cigarrillo después de verlo y dar una gran calada como muestra de plena satisfacción. Después de este final el espectador no puede evitar preguntarse qué tenía Fuller preparado porque si este es el clímax que iba a encaminar la historia hacia su final esos últimos momentos hubieran sido épicos. Lástima que (por lo que parece) no vayamos a poder verlos.

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Hannibal siempre ha sido una rareza en televisión. Ha llevado el género del psicodrama más allá y lo ha hecho con planos elegantes y una fotografía que ya quisieran para sí muchas de las series que hacen grandes audiencias pero cuya relevancia está ahí, en los números. Hannibal siempre ha sido algo más. Ha sido un profundo viaje a la psicología de unos personajes cuya mente escondía los monstruos más oscuros que podíamos imaginar. Una obra de arte, una forma de hacer televisión que se asemeja a leer una novela, en la que lo que es real y lo que no se funden para crear algo nuevo y hermoso. Esto lo hemos visto en innumerables ocasiones a lo largo de la serie pero más recientemente con la visión de Dolarhyde (un gran Richard Armitage que ha sabido plasmar a la perfección lo agónico que puede llegar a ser vivir con un verdadero mosntruo) en la que se ve a sí mismo como el Dragón Rojo, donde él mismo es la famosa pintura de Blake. Una novela en la que se ha jugado con los diferentes puntos de vista de los personajes no sólo durante el capítulo ¡sino durante una misma escena!

Una serie que no cuadraba en una televisión en abierto, tal vez ese haya sido su principal handicap. De haberse estrenado en un canal de cable o en alguna plataforma alternativa la serie no hubiera visto llegar su final de forma tan precipitada. Por eso siempre ha sorprendido que haya durado tanto mostrando imágenes tan explícitas, crueles, violentas y llegando en ocasiones a rozar la línea del gore. Sin embargo, su acierto ha sido presentar toda esa violencia que podía resultar repulsiva de una forma tan pictórica y hermosa que en lugar de sentir repulsa por lo que veíamos no podíamos más que deleitarnos con el horror. Al final Hannibal Lecter consiguió no sólo convertir a Will Graham sino al propio espectador.

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Hannibal no ha sido una serie sobre asesinos en serie y la mejor forma de pararlos. Esa ha sido la excusa para presentarnos una historia mucho más sutil que ha ido cuajando entre líneas. Hannibal nos ha contado una especie de cuento en la que la maldad llega a ser entendible (e incluso se puede simpatizar con ella) y en el que la empatía puede estar más cerca del sadismo de lo que pensamos, pero sobre todo, nos ha contado una historia sobre la fragilidad de la mente humana. De este modo hemos podido ser testigos de cómo Hannibal Lecter se valía de su posición para hacerse con las historias de otros y buscaba las debilidades de cada insensato que acudía a su diván. Así sabía qué botones apretar para llevar al límite a esos pobres incautos y se deleitaba con el resultado obtenido.

Pero de lo que realmente ha hecho gala la serie ha sido de una violencia emocional brutal. De esas que retuercen y quiebran el alma hasta desfigurarla tanto que nuca llega a ser la misma. Y si no que se lo pregunten a Will Graham. Hugh Dancy ha sabido interpretar a un torturado Will que a lo largo de tres temporadas ha terminado convirtiéndose en aquello que tanto evitaba. Su escena final con Hannibal en la que ambos terminan de una vez por todas con el Gran Dragón Rojo es la prueba de que uno no puede jugar con el demonio sin tener que vender su alma por el camino.

Mientras que en el inicio del episodio Dolarhyde permitía que Reba saliera indemne de su breve encuentro con el Dragón Rojo, logrando así el control de su propio monstruo, Will daba rienda suelta al suyo propio y maquinaba la forma de liberar a Hannibal de su prisión para terminar con el Dragón. Siempre ha estado claro que el final de Dolarhyde pasaba por la extinción del Dragón y para eso hace falta derramar sangre. Si encima podemos deshacernos de Hannibal Lecter de una vez por todas Jack Crawford no podía estar más de acuerdo en dejar suelto a Hannibal Lecter. Ya se lo había dicho a Will en su momento: "No maté a Lecter porque te necesitaba a tí para hacerlo". Estaba claro que el final pasaba por un verdadero festín de sangre que, en esta ocasión, tenía que correr a cargo de Hannibal y de Will.

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La lecterización de Will Graham ha ocurrido delante de nuestros ojos sin que apenas fuésemos conscientes de que estaba sucediendo. Su look descuidado, sin peinar y con serios problemas a la hora de combinar los colores y las prendas de vestir, se ha ido refinando poco a poco. Al final, el Will que acude al refugio secreto de Hannibal es una versión más refinada y elegante de sí mismo. Capaz de apreciar la belleza de la violencia extrema. Tal y como Lecter siempre soñó.

Esa última escena en la que Will y Hannibal terminan con Dolarhyde es una coreografía perfecta de lo que sería el sexo perfecto entre ambos personajes. Esos movimientos precisos y hasta elegantes, esa lucha coordinada entre los cuerpos, el desgarrar gargantas son el equivalente perfecto para Lecter de una buena sesión de sexo. Y además en compañía de su "amor verdadero". Podría haber sido la victoria definitiva de Lecter de no haber sido por Will que al darse cuenta de que no puede vivir ni con Hannibal ni sin él y mucho menos con su propio ser decide que lo mejor es emular a Sherlock Holmes y lanzarse al vacío abrazado a Lecter en una escena que recuerda a Reichenbach Falls.

Y es que, al final, Hannibal era esto,una extraña historia de amor entre sus personajes principales. Un Romeo y Julieta grotesco, exagerado y llevado al límite. Un amor por el que uno mata, desgarra y manipula. Un amor extrañamente puro en el que ambos no tienen nada que esconder al otro. En el que lo más oscuro del otro es precisamente lo que más atrae. Eso por lo que uno debería sentir repulsa resulta ser lo más hermoso del otro. Amor al fin y al cabo.

Para el recuerdo queda ya la impresionante interpretación de Mads Mikkelsen. Junto con Bryan Fuller ha sabido construir un nuevo Lecter que no tiene nada que envidiarle a la caracterización que en su día hizo Anthony Hopkins. Un Hannibal Lecter más retorcido, refinado y en ocasiones vulnerable (veáse cuando se ve privado de su retrete o sus libros o cuando Will deja constancia de que se entregó porque, al final, Graham le había rechazado). Un monstruo con el que era muy difícil no simpatizar y hasta disculpar. Un ser cínico y cruel que ha hecho de la tortura psicológica un divertimento para la audiencia. Una verdadera joya.

Esta última temporada ha tenido dos minitemporadas, por así decirlo, claramente diferenciadas. Y aunque a primera vista ninguna de las dos parezca tener mucho que ver con la otra (las diferencias entre ambas son más que evidentes), el arco de Italia ha construido la base sobre la que se asienta este final. Esa persecución incansable de Will, ese entendimiento de Hannibal y el darse cuenta de que por mucho que trate de ignorarlo tiene un monstruo en su interior que se hace más y más fuerte con cada nuevo horror que ve, son los pilares que llevan a Will a su decisión final. El querer poner fin a todo esto, no alejarse del todo de la luz, es lo que hace que tome la decisión de acabar de una vez por todas con Lecter y con él mismo.

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En el tintero quedan posibles historias que espero vean la luz algún día. Me hubiese gustado poder profundizar un poco más en esta nueva versión de Alana que con un Hannibal suelto sabe que su plato va a ser el primero en el menú de la noche. Verla siempre mirando por encima del hombro y rearmándose de valor para enfrentarse una vez más a Lecter en busca de una victoria definitiva. O cómo sobrevivirán Will y Hannibal a semejante caída así como a las heridas infligidas por el Dragón. O qué futuro le depara a ambos personajes. O saber cómo terminaba esa cena para tres de Bedelia en la sorprendente escena postcréditos (está claro que el plato principal de su propia pierna era para Lecter).

Hannibal ha cambiado la forma de contar una historia en televisión. Su forma de hacer explícito lo sutil, el valor de la fotografía y la imagen como forma de impactar, el cambio de los puntos de vista, hacer de lo grotesco algo hermoso y la capacidad de hacer que el espectador se divierta con algo que no es para nada divertido hacen que la serie no se parezca a ninguna otra. Es más, muchas series deberían tomarla como referencia en el futuro. Hannibal ha sabido llevar el género novelístico (mucho más libre a la hora de contar las cosas) a la televisión. Y eso hasta ahora nadie más lo ha conseguido con éxito.

Se nos ha ido una grande. A los espectadores huérfanos nos queda el consuelo de saber que tanto la productora como Fuller y los mismísimos protagonistas, siguen explorando posibilidades para darle una nueva vida a la serie. Su compromiso con la serie es fuerte. Saben que lo que tienen entre manos es un producto único y merece la pena llamar a todas las puertas. El mismo Fuller ha dicho que "no sería la primera serie que vuelve después de un par de años". Incluso se plantea la posibilidad de volver en forma de película.

Sea como sea pero que vuelva. La cena nos ha dejado un buen sabor de boca. Pero todos sabemos que todo buen festín que se precie no termina hasta que no se ha degustado el postre. Y los seguidores de la serie aún están hambrientos.

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Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal

About Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal