Hablamos de thrillers en el Spoiler Fest: ¿la realidad supera a la ficción?

Durante el Spoiler Fest de este año, aprovechando que Calle 13 es el canal especializado en series policiacas, contamos con la presencia de dos invitados muy especiales: el periodista e investigador Manuel Marlasca, al que podemos ver cada semana en Más Vale Tarde desentrañando algunos de los casos policiales más mediáticos, y a la Inspectora de Policía Nacional Silvia Barrea, además de Jefa de sección técnico de la Unidad de Investigación Tecnológica. En otras palabras, dos expertos sobre todo lo que ocurre de verdad cuando hay un crimen, y que quisieron mostrarnos sus semejanzas con la ficción.

Porque está claro que a todos nos gustan las series policiacas y el thriller criminal. Si no fuera así, no estaríamos en el Spoiler Fest con ganas de ver los últimos thrillers llegado a la cadena, como es Loch Ness o Law & Order True Crime: Los hermanos Menéndez, o los estrenos de las nuevas temporadas de otras series del género que ya nos han conquistado: Chance, Chigado P.D… y un largo etcétera.

Pero por mucho que nos gusten sus investigaciones, sus persecuciones trepidantes o esos interrogatorios en los que nadie querría verse envuelto… así como las escenas más subidas de tono entre compañeros de cuerpo y en las que sí nos querríamos ver envueltos, toca afrontar la realidad. Porque, ¿hasta qué punto los casos policiales que vemos en las series y que se resuelven en 45 minutos, tienen relación con lo que ocurre en el mundo real?

La Inspectora Silvia Barrea lo dejó bien claro tras poner un pequeño fragmento de la serie Law & Order: Unidad de Víctimas Especiales, donde podíamos ver un interrogatorio en el que dos policías demostraban que el acusado les había mentido, al haber accedido a su teléfono móvil.

De entrada, lo raro de esta escena es que el acusado hable tan alegremente –comentó, bromeando-, porque lo normal es que no diga nada porque no es tonto y sabe que le pueden pillar en un renuncio, sobre todo si su abogado no está con él. Y por otro lado es muy arriesgado que le presentes el móvil al acusado, porque lo más normal en ese caso sería que el acusado cogiera el teléfono y lo tirara por la ventana, pues sabe que efectivamente en ese dispositivo ha dejado un montón de pistas que pueden demostrar su culpabilidad… Pero claro, entonces el interrogatorio no sería tan espectacular y el episodio de la serie sólo duraría cinco minutos”.

Lo normal que ocurra –añadió Marlasca, que ha seguido de cerca muchísimos casos reales- es justo lo contrario y que sea el acusado quien haga uso de las nuevas tecnologías para usarlas en su favor. Por ejemplo, hubo un caso real de un hombre que mató a una mujer y lo que hizo fue, después de matarla, irse a Barcelona con el teléfono móvil de la víctima para que el operador pudiera rastrear ese teléfono y de ese modo él tuviera la coartada de que no pudo matar a la mujer porque ella estaba en Barcelona, mientras que él seguía en Madrid”.

Para que os hagáis una idea de los tiempos con los que trabajamos –comentó la inspectora-, 45 minutos es lo que tardamos en llevar el impreso oficial de la orden de detención a los Juzgados de Plaza Castilla de Madrid… y eso si hay suerte con el tráfico”.

Y es que en realidad el trabajo de la policía es mucho más aburrido de lo que pueda parecer, ya que no pueden hacer nada sin contar antes con la autorización del juez. Y eso no pasa como en las series, donde siempre le están despertando a las cinco de la mañana para que puedan seguir a un sospechoso o entrar en su casa. Para un policía su trabajo es sobre todo burocrático.

Sin embargo, aunque pueda desilusionar que la policía tenga un trabajo más de despacho que de calle, eso no quita un hecho que quisieron que nos quedara bien claro: la realidad siempre va a superar la ficción. Y lamentablemente, en el caso de los delitos telemáticos, cada vez se ven casos más sorprendentes de gente que usa esas redes sociales en su favor para tener un protagonismo enfermizo.

Por ejemplo, todos recordamos el caso del chico que grabó cómo daba una patada a una chica y lo subía a youtube. Y pasó lo mismo con el chico italiano que colgó un vídeo de contenido sexual de una ex que consiguió que se hiciera viral y, lamentablemente, hizo que la chica acabara suicidándose.

En estos casos otro punto en común es que la policía acaba deteniendo al criminal, gracias principalmente a la propia inconsciencia del delincuente (por no decir estupidez) pues no dejan de ser ellos mismos los que suben las imágenes o vídeos a youtube, facebook y twiter, por lo que es relativamente sencillo seguir la pista de esa persona a través de los metadatos que acompañan a esos vídeos e imágenes y que están dejando como miguitas de pan de lo que hemos hecho. Eso es lo que se conoce como “huella digital”.

Y eso es precisamente lo que la inspectora de policía señalaba que es lo más peligroso. Porque esa huella digital es imposible de eliminar, y por mucho que nosotros decidamos eliminar un mensaje o fotografía, esos contenidos siguen estando en la Nube y en el  servidor de datos del operador. Y lo estarán para siempre a no ser que se consiga una orden judicial y con una investigación policial de por medio, ya que la policía no es que pueda “hablar” con twiter, google o facebook y decirles que borren un mail o que les dejen acceder a una información en concreto, sino que todo debe pasar por una orden judicial que solicite al operador que les de esa información… Y eso, además no es algo instantáneo, sino que pueden tardar semanas o incluso meses.

Pero eso no es todo, ya que incluso en el caso de que tengas suerte y puedas eliminar información tuya que había en Internet, no hay que olvidar que hay muchísima gente que se dedica a cotillear por la web y guardar mensajes o fotografías que a lo mejor decide publicar más adelante, cuando tú ya te habías olvidado por completo de ese mensaje. Y esos contenidos son los que acaban volviéndose virales, y generalmente cuando están sacados completamente de contexto, lo que hace que vengan más problemas.

En resumen, la recomendación de la policía es que no publiquemos nada de lo que luego vayamos a arrepentirnos o que pueda acabar volviéndose completamente en nuestra contra. Y sí, es verdad que eso es imposible tal y como vivimos actualmente, con un mundo inundado de contenido e inmediatez y donde todo debe ser compartido por las redes sociales. Por ello, al menos nos aconseja que seamos más responsables con lo que compartimos de nosotros mismos.

Como ejemplo nos comentó un caso real muy curioso de una mujer a la que llamaron por teléfono con motivo de una investigación policial que estaba en curso y a la que necesitaban hacer unas preguntas. Y al ver que era la policía quien la estaba llamando la mujer se enfadó muchísimo porque decía que la policía espiaba a la gente y que eso no era legal, porque si no era imposible que la policía tuviera su número de teléfono… a lo que la inspectora le preguntó si no era ella la persona que estaba vendiendo una alfombra en Wallapop… Y es que gracias a ese anuncio que había puesto la propia mujer, cualquier persona podía saber su nombre y apellidos, así como su número de teléfono y zona donde vivía.

Pero eso es lo que pasa en la realidad. ¿Y en la ficción? ¿Es tan fácil localizar, por ejemplo, a un criminal, a partir de un móvil, como sale en las series?

Ahí la cosa cambia un poco. Primero de todo, como estuvo mencionando la inspectora durante toda la charla, cualquier necesidad que tenga la policía de recuperar información de un móvil o detectar a una persona a través de ese móvil, necesita una autorización judicial, lo que no es algo precisamente instantáneo.

Y además, cuando ya se tiene esa autorización, no es tan fácil localizar a una persona como nos lo pintan en las series, con esa precisión de centímetros de distancia. Incluso si rastreáramos a una persona por la ubicación del móvil, como podemos hacer cualquier cuando queremos avisar de que estamos en un sitio, como mucho te va a decir en qué edificio está esa persona… no en que piso concreto o zona de esa planta. A lo que hay que añadir que en ciudades grandes, como Madrid o Barcelona, por ejemplo, hay tal sobrecarga de servidores, que directamente no funciona ese sistema de ubicación, y que lamentablemente es un problema con el que se enfrenta a menudo la policía durante el curso de sus investigaciones.

Pero no seamos tan pesimistas, ya que en muchas ocasiones ocurre justo lo contrario y ese posicionamiento del móvil sí ha servido para localizar y acusar a una persona. Por ejemplo, el caso Bretón con el secuestro y asesinato de sus hijos, ya que sólo mediante el rastreo de su móvil se pudo saber qué era lo que había hecho el día en que los niños desaparecieron y demostrar así que había mentido.

Y hablando del caso Bretón, uno de los más mediáticos de los últimos años, durante la charla se trató precisamente ese tema, aprovechando que teníamos juntos a un policía y a un periodista especializado en investigación policial: ¿Por qué unos casos son más mediáticos que otros?

La inspectora Silvia Barrea fue muy clara en ese sentido: “la policía da siempre la misma importancia a todos los casos. Para nosotros no hay un caso más importante que otro. Todos son igual de prioritarios”.

Sin embargo, no ocurre lo mismo con la prensa, y para ello Manuel Marlasca nos dio el punto de vista del periodista: “la prensa no deja de ser un negocio y por ello debe pensar en el público. Y por mucho que nos pese, el público prefiere unas cosas sobre otras y en ese sentido intervienen muchos factores de lo más superficiales. Y la prensa, si quiere tener más público, debe tener en cuenta esos factores. Por ejemplo, si la víctima es guapa o si procede de una familia adinerada e influyente”.

Sólo así se explica, comentaba, que fuera mucho más mediático el caso de Madeleine, una niña rubia preciosa procedente de una familia adinerada inglesa, que otro caso que tuvo lugar más o menos por las mismas fechas, como fue el de Jeremy Vargas, donde la madre era una mujer desdentada y que vivía en una zona más marginal. Y lo mismo ocurrió con el caso de la turista de nacionalidad norteamericana que fue asesinada cuando hacía el Camino de Santiago, de la que todos los medios se hicieron eco, mientras que otra mujer que desapareció en Lugo por las mismas fechas no ocupó ni un minuto en los telediarios.

Y si nos vamos a un caso internacional, hay que citar el de los famosos Hermanos Menéndez, a los que precisamente Law and Order: True Crime está dedicando su primera temporada y que podréis ver en Calle 13, y que fue seguido por millones de personas desde el primer minuto porque tanto las víctimas como los criminales procedían de una familia adinerada muy conocida y bien posicionada socialmente.

Pero estos casos mediáticos no sólo son tristes por el hecho de que se está dando más importancia a una víctimas que a otras por factores de lo más superficiales, sino porque además durante esos casos la policía trabaja muchísimo peor. Y es que, si ya es difícil seguir la pista de un criminal o una víctima por medio de su dispositivo móvil, como por ejemplo ocurrió con el caso de Diana Quer, lo es mucho más si además tiene que hacerlo con una jauría de periodistas detrás.

Y tras ver que en la realidad las cosas no pasan tan rápido como nos lo pintan en las series, y que además la policía de verdad no tiene la suerte de contar con esa tecnología tan avanzada, como por ejemplo las cámaras con superaumento y una resolución fantástica del CSI, ¿Qué opinan los expertos de esas series de televisión y thrillers? ¿Han visto alguna que les haya gustado por ser más realista que otras?

Yo reconozco que no veo series policiales –comentó la inspectora-, entre otros motivos porque no deja de ser mi trabajo y lo que veo todo el día, así que al llegar a casa prefiero desconectar con otras cosas. En mi caso disfruto mucho con las películas de miedo… Pero además, cuando veo algunas series de policías y veo cómo explican las cosas y sé que eso no se parece en nada a la verdad, pues me frustro y no la disfruto tanto como debería. Por ejemplo, veo a la inspectora Beckett de Castle, que lo soluciona todo en un minuto y además va ella siempre tan mona, con esos modelitos, y luego me miro yo en el espejo antes de ir al trabajo y me digo: pero a dónde vas, mujer”.

Y con respecto a Marlasca, confiesa que es normal que en las series de televisión se presente el trabajo policial de un modo muy distinto al de la realidad para que tenga más acción y ritmo, que lógicamente es lo que hace que una serie guste al espectador y venda.

De las series de policías que yo he visto, la única que puedo mencionar que consigue plasmar de un modo más realista ese día a día de la policía, en este caso la policía que se encargada del tráfico de drogas, es la que hizo David Simon con The Wire. Sí que creo que él consiguió reflejar mejor esa parte del trabajo más pesada y lenta, lo que también es precisamente el motivo por el que a mucha gente no le gusta esa serie, ya que tiene un ritmo mucho más lento. Es también un poco lo que pasó con la primera temporada de Canción triste de Hill Street, y que pese a ser mucho más realista también fue la que tuvo peor audiencia pese a que la crítica la vio muy bien, por lo que en las siguientes temporadas se vio todo lo contrario: más audiencia pero menos realismo y más acción”.

Y es que, como podéis ver, la realidad y la ficción casi nunca van de la mano. Casos reales que superan la ficción, situaciones de ficción que sería imposible ver en la realidad, pero siempre un trabajo policial detrás para proteger al inocente y atrapar al culpable a través de las nuevas herramientas digitales.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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