For The People 1×01: Pilot

For The People 1x01: Pilot

For The People 1x01: Pilot

Series: For The People

2.5 Stars

Summary

Seis jóvenes llegan a una de las cortes más famosas de Estados Unidos. Los jóvenes se enfrentarán en bandos opuestos: abogados defensores y fiscales. La sangre a pie de estrado está asegurada.

Coder Credit

La nueva serie del universo Shondaland intenta llevarnos a los entresijos de una de las dos cortes más importantes de los Estados Unidos: la Southern District of New York Federal Court (SDNY). Y digo intenta porque, a pesar de lo bueno de su premisa, el producto final se queda en un pobre intento de lo que podría ser la serie.

Para su desgracia "For The People" tiene en su contra la existencia de grandes títulos que la empequeñecen. El drama legal siempre ha sido una constante en el panorama televisivo y en los últimos tiempos títulos como "The Good Wife" así como su spin-off "The Good Fight" evidencian que la nueva serie de ABC está muy lejos de ellas. Eso sí, se agradece el intento. Viniendo de donde viene, esta serie está llamada a ser el guilty pleasure de los amantes del drama legal.

Desde el principio queda clara la premisa sobre la que girarán las tramas de la serie: seis jóvenes recién llegados condenados a enfrentarse entre ellos en bandos opuestos en un juzgado. Eso sí, aderezado con una pizca de tensión sexual marca de la casa. El resultado es un grupo de jóvenes de lengua rápida que quieren dárselas de listillos y que pretenden comerse el mundo en un par de días.

Les presento a los abogados defensores Sandra, Allison y Jay. Los buenos. Se nota en sus caras de buena gente.

En este primer episodio da la sensación de que las cosas pasan muy deprisa. En un momento están jurando lealtad a las leyes federales y a la Constitución Norteamericana y en menos de un minuto ya están con su primer caso para 5 minutos después ventilárselo con un mal acuerdo o una vista. Apenas se profundiza en ellos. De hecho toda la parafernalia legal es meramente anecdótica. Lo que importa es ver que Sandra Bell (Britt Robertson) es una idealista apasionada que no dudará en dejarse la piel por su defendido y a la que su pasión en la sala le juega alguna que otra mala pasada por culpa de su juventud o que Leonard Knox (Rege-Jean Page) es un aspirante a fiscal que no dudará en pasar por encima de quien sea con tal de salir vencedor siempre.

Como primer episodio la cosa funciona. Entretiene sin hacerse pesada... y punto. Quiero pensar que este episodio piloto simplemente tiene la pretensión de presentarnos a los personajes principales. Nos muestra una fotografía rápida de cada uno donde lo que destaca es precisamente que cada uno de ellos es tan opuesto al resto como pudiéramos pensar y no solo por el rol que les toca representar ante el juez o el jurado en sala. Si por el contrario la serie piensa seguir por esta tónica de pasar casi de puntillas por el verdadero drama legal definitivamente esta serie no es para mí ni para aquellos que buscan algo más que seis tipos enfurruñados peleando y sin dejar de hablar porque simplemente adoran el sonido de sus propias voces.

Aquí tienen a los nuevos fiscales: Kate, Seth y Leonard. Esa miradas malignas nos dicen que nada bueno puede venir de ellos.

Y es que es una pena que planteando un caso tan actual como el que le toca defender a Sandra la serie no se atreva a posicionarse o al menos servir como crítica, de alguna forma, del sistema judicial estadounidense. La acusación del joven musulmán al que el FBI engañó reclutándole en un grupo terrorista ficticio para evitar que se pudiera radicalizar por sí mismo por el simple hecho de ser musulmán merecía ser tratado más seriamente y servir de crítica para los acontecimientos recientes que han convulsionado a la sociedad norteamericana en los últimos 15 años. Sin embargo, en lugar de hacer protagonista al propio conflicto, la serie opta por mostrarlo como un simple complemento por medio del cual presentarnos las inseguridades de Sandra y la frialdad despiadada de Leonard.

También podría haber profundizado en el papel que juega el Fiscal del Estado en Estados Unidos, figura política que se supone defensora de la ley y cómo precisamente el hecho de que se trate de un cargo político hace que decida personalmente qué casos deben coger los fiscales a su cargo y cuáles deben pasar por alto. Hubiera sido interesante ahondar en el caso que enfrentaba a Allison (Jasmine Savoy Brown) con su novio Seth (Ben Rappaport), en el que el joven fiscal, por órdenes de su jefe, pedía encarcelar a una madre trabajadora al cargo de un niño y al que un desafortunado comentario inocente a su marido había provocado que su empresa perdiera 9.000 dólares. Un caso menor que debería corresponder más bien a una acusación particular que a poner en marcha los engranajes de la Administración y que hasta el propio juez encuentra ridículo.

Si te toca enfrentarte a Leonard lo mejor es que busques un mal acuerdo o acabarás fijo en prisión.

Al finalizar el capítulo nos quedamos sin saber qué mueve al defendido de Jay  (Wesam Keesh), un estafador profesional que acaba aprovechándose de la inocencia y la buena fe de Jay y al que no duda en mentirle una y otra vez, para actuar como lo hace. Pasamos de puntillas (también) por su caso para visualizar ese buenismo de Jay y la fría meticulosidad de Kate (Susannah Flood) que no deja nada al azar.

Se nota que Paul William Davies, showrunner y creador de la serie, trabaja bajo la batuta de Shonda Rhimes. La serie tiene todos esos toques que provienen de la factoría Shondaland. Esa baza podría ser su mayor acierto o su peor error. Hasta el momento la fórmula ha funcionado en otros formatos pero en una parrilla televisiva tan amplia como la de los últimos tiempos y el precedente de series que argumentalmente son mejores y más grandes, la tensión sexual no resuelta entre jóvenes aprendices no parece ser suficiente como para aguantar en pantalla. Habrá que ver cómo se defiende esta serie en el futuro. De momento se deja ver. Desde luego, si alguien me pregunta por un buen drama legal  esta NO será mi primera recomendación. 

   
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Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal

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