Entrevista a Natalia de Molina, protagonista de Techo y Comida

Muchos conocimos a Natalia de Molina por su papel en Vivir es Fácil con los Ojos Cerrados, que además le sirvió para ganar el Goya a la mejor actriz revelación. Ahora, tras haber pasado por comedias veraniegas como Cómo Sobrevivir a una Despedida, la vemos en Techo y Comida interpretando a Rocío: una mujer que está atravesando una situación insostenible, pero que hará lo que sea por cuidar de su hijo Adrián.

¿Qué fue lo que te llevó a querer formar parte de este proyecto?

En cuanto leí el guión me enamoré del personaje de Rocío. Acabé llorando y le dije a Juan Miguel que tenía muchísimas ganas de hacer el papel, aunque reconozco que también tenía mucho miedo.

Desde el principio me dije que iba a tener que poner muchas ganas en este papel, pero era consciente de la gran responsabilidad que caía sobre mis hombros, ya que mi personaje aparecía en el 99 % de la historia, y con muchas escenas donde estoy yo sola.

Sabía que iba a ser muy complicado, a lo que se añadía que tampoco tenía muy claro cómo sería el resultado final, pues nunca antes se había intentado llevar una historia así al cine. Pero entonces vi el corto “Rosario” que había hecho Juan Miguel del Castillo, y supe que si esa historia podía hacerla alguien, ese alguien era Juan Miguel.

¿Cómo te preparaste para una historia tan dura?

Tan pronto como acepté el guión, además de estar pendiente de los medios de comunicación, vi muchos documentales sobre desahucios y también entré en muchos blogs de personas que estaban pasando por esa situación. Lo que quería era conocer la mayor cantidad posible de testimonios.

Pero también quise ver esa realidad de un modo más cercano y en persona, porque tenía que empaparme de esos sentimientos que luego iba a tener que transmitir para la película. Así que hablé con abogados que realizaban el tema de los desahucios, con mujeres que estaban viviendo esa situación, para que me contaran cómo era su vida, y también fui a un comedor social que había muy cerca de mi casa.

¿Cómo fue trabajar con Jaime López, que es tu hijo en la ficción?

Fue una auténtica gozada. Cuando leí el guión comprendí que la historia se asentaba sobre dos pilares que eran Rocío y Adrián, y que por tanto la relación con el actor que interpretara al hijo de Rocio iba a definir toda la película. Porque Rocío es tal y como es porque tiene a su hijo a su lado, y hace lo que sea por él. Si no hubiera hijo, la historia sería otra completamente distinta.

Por ello quise conocer al actor que haría de mi hijo durante los castings. Y en cuanto le vi todos quedamos impactados por la naturalidad y profesionalidad con que hacía cada escena. Y lo mejor es que Jaime es un chico muy divertido y que siempre está bromeando, que vive feliz con su familia, con lo que no es que pienses que ha vivido de cerca esa situación y por eso la sabe reflejar tan bien.

Pero este chico, que lo primero que me pregunté fue de dónde había salido, fue capaz de entender perfectamente cuál era la situación que había que retratar para poder meterse en el papel, y lo calcó desde el primer instante.

La verdad es que Jaime fue todo un hayazgo. Cuando le vi actuar en el casting, comprendí que la película ya estaba hecha gracias a su increíble talento.

¿Fue muy duro interpretar a una mujer como Rocío?

Yo no me considero uno de esos actores que se meten muchísimo en el papel para poder sentir como el personaje. Sabía que tenía que lograr que el público se sintiera identificado con ese personaje por el bien de la historia, y sobre todo intenté cambiar mi forma de hablar y hasta de moverme, para que en ningún momento se viera a Natalia, que era mi mayor preocupación. Y por lo que me comentaron algunos familiares cuando vieron la película, creo que lo conseguí porque me dijeron que solo veían a Rocío.

Pero toda esa empatía que quiero crear cuando estoy rodando, intento que desaparezca cuando termino de trabajar y me voy a casa. En ese sentido creo que siempre he conseguido separar las dos facetas… Pero en esta ocasión me pasó que hubo muchas noches en las que no pude dormir. Al principio no entendía por qué, hasta que me di cuenta que lo que pasaba era que arrastraba una angustia y ansiedad brutal por estar tantos días rodando una historia tan dramática como la de Techo y Comida.

¿Qué ha supuesto para ti ganar el Goya por Vivir es Fácil con los Ojos Cerrados?

Me ha abierto muchísimas oportunidades. El solo hecho de participar en esa película, por ejemplo, hizo que Juan Miguel pensara en mí para el papel porque me vio en esa película. Y aunque no tenga nada que ver un papel con otro, si no hubiera participado, ni por supuesto hubiera ganado el Goya, ahora no estaría aquí, promocionando una nueva película.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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