“El productor es la gran fuerza creadora de una película”: entrevistamos a los productores José Nolla y Belén Bernuy

La primera imagen que nos viene a la mente al pensar en una película es la de sus protagonistas. Junto a los nombres de los actores, en el cartel promocional, solemos fijarnos en el nombre del director o el del guionista, pero raras veces se presta atención a ese otro profesional del cine y sin el que, paradójicamente, jamás habría podido iniciarse esa película: el productor.

Para conocer un poco más de ese gran olvidado de la cinematografía que es el productor hemos charlado con José Nolla y Belén Bernuy, dos profesionales del sector que además llevan años enseñando a los futuros productores españoles en la ECAM, Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid. Esto es lo que nos han contado sobre una profesión que es mucho más compleja de lo que podría parecer en un primer momento.

José Nolla, productor ejecutivo y co-coordinador de la Diplomatura en Producción en la ECAM.

Sé que resulta extremadamente complejo intentar resumir toda una profesión en sólo un par de frases pero, ¿podrías contarnos en qué consiste el trabajo del productor?

J.N.: Desde un punto de vista funcional, digamos que lo que hace el productor es que una idea acabe convirtiéndose en una película. Para conseguir eso el productor primero tiene que buscar una idea, por lo que tiene que tener la capacidad de detectar la calidad dentro de un montón de ideas que podrían acabar convirtiéndose en una película. Y una vez que encuentra esa idea que cree que tiene calidad y merece la pena convertirse en película, a lo que se dedica el productor es a ir incorporando los elementos técnicos, artísticos, financieros, logísticos, etc., necesarios para que esa idea inicial acabe convirtiéndose en algo viable.

Paradójicamente, lo que ocurre dentro de la profesión del productor, es que éste trabaja más antes que durante el propio proceso de la producción material, que es lo que sería el rodaje. Y es que los productores tenemos un problema (es algo de lo que me he dado cuenta en la ECAM, dando clases), que es que en el mundo del cine lo más difuso es el tema de la producción. Porque todo el mundo sabe lo que es la fotografía o la dirección, pero el productor (o el vocablo producción) resulta más difuso porque por un lado es la organización logística del rodaje, el poder proporcionar todos los elementos materiales para materializar esa producción; pero lo que hace el productor es también todo el trabajo anterior y posterior a ese rodaje.

En ese sentido, básicamente el trabajo del productor termina cuando contrata a un director de producción y cuando se pone en marcha el departamento de producción de una película. Porque una vez que ya se han aportado a la película todos esos elementos de valor que hacen que realmente resulte interesante desarrollar esa idea original (por ejemplo, contratando al equipo adecuado, a los actores, la propia discusión sobre el guión, los recursos financieros…); cuando ya se puede decir que “vamos a hacer una película”, es cuando entran en acción el resto de departamentos.

Para que uno pueda hacerse una idea de cómo es todo ese proceso, digamos que cuando se empieza a rodar una película, por ejemplo mañana, todo el trabajo previo para que llegue ese instante ha comenzado a lo mejor dos años antes.

Alumnos de la ECAM trabajando en sus proyectos de Diplomatura. Fotografía: Rigel Pomares.

¿Y cómo se definiría a un buen productor?

Para mí un productor es la gran fuerza creadora de una película. Yo me siento creador, ya que producir es crear. El productor de una película es lo más parecido a la figura de un arquitecto. Un buen productor es el que tiene que combinar muchos conocimientos y desde varios puntos de vista. Por un lado el punto de vista artístico: su primera decisión, que es la más trascendental, es elegir una idea concreta entre otras muchas para desarrollarla durante los próximos años, por lo que tiene que tener muy buena capacidad analítica y creativa para poder determinar que esa idea (y que puede ser muy primaria, como por ejemplo una noticia de un periódico o las primeras nociones de un guión, o también una novela o un guión ya terminado) tenga los ingredientes de calidad necesarios para poder convertirse en una buena película.

Pero por otro lado tiene que tener buenas capacidades de gestión, organización y liderazgo de equipos humanos, incluyendo también capacidades de psicología aplicada por la cantidad de personas con las que tiene que trabajar. Dicho de otra manera, tiene que aprender a manejar muchos egos de todos esos profesionales con los que va a desarrollar la película y con los que va a estar trabajando durante todo el proceso.

Pero cuando parece que ya se ha terminado todo… todavía no ha acabado. Por ejemplo, comparándolo con los directores (sin quitarles mérito, ni mucho menos; es más, ellos son los primeros que lo dicen) una vez terminada la película lo que quieren es olvidarse de ella para abordar otra película nueva. Y además hay directores que a lo mejor entran en una película cuando ya hay un guión, porque precisamente somos los productores los que contratamos a los directores adecuados para desarrollar ese guión. Es decir, que los únicos que tenemos una visión integral de la película, de todo el proceso, somos los productores. Porque somos los únicos que estamos desde el principio hasta el final. 

Y es esa combinación de capacidades creativas y de gestión la que hace que nos encontremos ante un buen productor. Pero lo cierto es hay muy pocos productores que reúnan esas dos capacidades al 100%, pues hoy en día es muy difícil ver películas en las que un único productor haya llevado a cabo todo ese proceso. De hecho, en las grandes producciones cinematográficas lo normal es encontrarse con dos cabezas en la producción: una es la más creativa y otra es la gestora. Es muy difícil encontrarse con una única persona que sea capaz de combinar a la perfección esas dos facetas del productor.

En Estados Unidos, que es donde se desarrolla la cinematografía y ficción televisiva más conocida a nivel mundial, sí es posible conocer con nombres y apellidos a ciertos productores. Por ejemplo, todo el mundo sabe quién es Jerry Bruckheimer (CSI, Piratas del Caribe) o Shonda Rhimes (Anatomía de Grey). ¿Qué diferencia a esos productores “famosos” por así decirlo, con el que podemos encontrar en España, como es tu caso?

Es cierto que a veces los productores intentamos tener la iniciativa de un proyecto. Por ejemplo, puede haber un productor que diga que quiere hacer una película de tal género sobre cierta temática en concreto y que trate ciertos asuntos, e incluso puede darse el caso de que él mismo escriba el guión. Ahí está también la capacidad de crear una fórmula de éxito, y en ese sentido los ejemplos que has dado son de productores que han conseguido marcar una impronta muy fuerte en el mundo de la producción.

Ahora bien, también hay que pensar que a lo mejor detrás de ese nombre más conocido y es quien lleva la voz cantante en cuanto a la toma de decisiones creativas, hay otro productor que se encarga de la parte más analítica y fría, lo que le permite ser capaz de distanciarse emocionalmente del proyecto a la hora de tomar decisiones más logísticas o financieras. Por eso lo normal es que los dos aspectos principales que definen a un productor vayan separados desde el principio. Y en cuanto a un productor que combine las dos variantes, creo que en España sólo he conocido a Elías Querejeta, que era un creador absolutamente extraordinario.

Para terminar de hacernos una idea sobre esa compleja labor de la producción hablamos también con Belén Bernuy, directora de producción y co-coordinador de la Diplomatura de Producción de la ECAM. Ella ha sido tanto directora de producción de otras películas, como productora ejecutiva de películas que ha desarrollado desde el principio gracias a su empresa Centuria Films, y que pronto estrenará la película "Cuando dejes de quererme".

Belén Bernuy, directora de producción y co-coordinador de la Diplomatura en Producción en la ECAM.

Como gran conocedora de las distintas facetas de la producción, querríamos saber qué diferencias hay entre los distintos cargos que puede tener un productor.

Hay que distinguir entre productor, productor ejecutivo y director de producción. Estas tres categorías son fundamentales en el desarrollo de una película. El productor es, como si dijéramos, el empresario, el dueño de la empresa productora, el responsable económico de la empresa, y por tanto el responsable económico de la película.

Pero ese productor también puede ser un productor ejecutivo, que es la persona que desarrolla un proyecto desde el inicio. O también podemos encontrarnos con una empresa pequeña (pequeña en cuanto a gente en la que trabaja en ella) donde el mismo productor-empresario es también el productor ejecutivo que debe sacar adelante el proyecto y que toca todo: el desarrollo del guión, buscar la financiación necesaria, los lugares de rodaje y finalmente la explotación y difusión de la película una vez esté hecha.

¿Qué ocurre? Que en muchas películas lo que hay son muchos productores porque hay varias empresas interesadas en desarrollar esa idea, y cada una de esas productoras puede haber designado a su propio productor ejecutivo, que son los que llevarán el control de la película, también en base a cuál haya sido su participación económica.

Y luego está el director de producción, que es algo así como la mano derecha del productor ejecutivo. Él es el jefe técnico del rodaje y el que sabe cómo dimensionar la película, que para mí es fundamental, pues consiste en coger un guión, hacer el desglose y en base a ese desglose hacer un plan de rodaje, que es la fase previa a partir de la cual se hace un presupuesto. Para ello se hace un estudio pormenorizado del guión y se valoran las distintas maneras de hacer ese presupuesto y poder sacar adelante el proyecto de la película. Es decir, el director de producción es el que controla todos los aspectos a la hora de ponerse a rodar la película, pues es quien conoce todo el equipo humano y la logística con la que hay que contar para empezar a rodar.

Pero aparte de tener todos los conocimientos, lo más importante en el campo de la producción es saber delegar y saber rodearse de un buen equipo. Es decir, un buen productor ejecutivo no está solo; lo que tiene es un buen equipo detrás formado por guionistas, analistas de guión, departamento de marketing, agencias de comunicación, directores financieros, abogados, departamentos administrativos... Y lo mismo pasa con un buen director de producción.

Alumnos de la ECAM trabajando en sus proyectos de Diplomatura. Fotografía: Rigel Pomares.

¿Y cómo se consigue crear ese buen equipo dentro de la producción?

B.B.: Eso va surgiendo con los años y la experiencia. Un productor ejecutivo, por ejemplo, con el tiempo acaba encontrando los proyectos con los que se siente más afín, así como los guionistas o directores más adecuados para esos proyectos. Si te das cuenta, muchos productores están siempre ligados a uno, dos o tres directores como mucho. Es muy difícil encontrarse con productores que hayan producido proyectos para un gran número de directores.

Entonces, ¿lo normal es que haya varios productores ejecutivos en una misma película?

B.B.: Depende de cómo sea la película. Por ejemplo, la película con la que estoy ahora, “Cuando dejes de quererme”, nace de mi productora Centuria Films, ya que fui yo quien desarrolló el guión junto a los guionistas y empecé a buscar financiación. Y para encontrar esa financiación, ese dinero que te permita hacer la película, lo normal es apoyarse en otras empresas productoras; sobre todo si estamos hablando de películas independientes que no tienen detrás el apoyo de una cadena de televisión.

Surge así lo que se llama la co-producción, que en el caso de esta película es una co-producción internacional, ya que las dos principales productoras son española y argentina. Y al haber dos productoras de distintos países, lógicamente tiene que haber dos productores ejecutivos: uno se centra en la parte de la película que se desarrolla en Argentina (los dos protagonistas son argentinos), mientras que el otro productor ejecutivo, que en este caso soy yo, se centra en la parte del rodaje español. Si bien en este caso yo prevalezco más porque tengo más porcentaje en la toma de decisiones, también porque la idea original partió de mi empresa.

Pero que lo común sea que haya co-producciones, no significa que es la única manera. Puede darse que el productor ejecutivo sea designado por la propia productora o que en una película se contrate de manera externa a un productor ejecutivo al que se le ha entregado un proyecto para desarrollarlo. Esto ocurre, por ejemplo, con las grandes películas que parten de las cadenas televisivas, por ejemplo Telecinco con Mediaset, donde hay varios productores ejecutivos: el de la propia cadena, el de la productora que ha designado esa cadena, y los de otras productoras que van a co-producir en mayor o menor medida y a participar en el desarrollo de esa película, según cuál haya sido su aporte económico.

¿Y cada vez hay más co-producciones internacionales? Porque cada vez vemos más equipos de rodaje extranjeros de grandes producciones viniendo a rodar a España.

B.B.: Las co-producciones internacionales siempre han existido. De hecho, son imprescindibles para sacar adelante las películas. Lo que sí que está pasando ahora es que vienen muchos rodajes desde Estados Unidos, aunque realmente eso ya pasaba en los años 50, cuando descubrieron que aquí había técnicos muy buenos y además se encontraban con unos escenarios fantásticos.

Es más, España tiene acuerdos bilaterales de producción con muchísimos países. Y además de ser algo necesario para poder desarrollar la película, creo que las co-producciones internacionales enriquecen mucho porque así sabes cómo funcionan otras cinematografías de otros países.

Comparando la producción entre Hollywood y España, cuando en alguna ocasión ha sido al revés y es el equipo de producción español el que va a Estados Unidos, allí sorprende la capacidad que tenemos de hacer muy buenos proyectos con poco presupuesto. ¿A qué se debe esta capacidad de hacer más con menos?

J.N.: Yo creo que eso responde más a un mito y a esa verdad universal que dice que, cuando tienes poco dinero, tienes que suplir esa falta de presupuesto y dificultades con el ingenio. Pero no me parece que sea algo que se pueda extrapolar a una manera de trabajar en España, por ejemplo. Y por otro lado creo que en Estados Unidos también se hacen películas de muy bajo presupuesto muy buenas, pero lo que pasa es que no son tan conocidas y la mayoría no llegan a exportarse. Hay un cine independiente y experimental en América asombroso desde hace décadas, que supone todo un semillero de talento, como también lo hay en España.

Y luego también hay que pararse a pensar en lo que varían los costes de una producción dependiendo del país. Porque si por ejemplo comparamos los costes de una producción en Estados Unidos y España, los de Estados Unidos siempre serán mayores, aunque sólo sea porque allí los salarios son mucho más altos.

Mi sensación es que realmente hay un estándar universal en cuanto a gastos. Y sobre el hecho de que debido a ese menor presupuesto se piense que uno es más creativo, en cierto modo es como el consuelo de los pobres… Es más, yo diría que al pensar así existe el riesgo de que al aceptar que con menos dinero se puede hacer más, al final lo que estamos aceptando es cierta precariedad en el desarrollo de las producciones. Y con esa precariedad al final se resiente la narrativa. Es verdad que hay casos maravillosos donde, por ejemplo, con un iPhone consigues plasmar una gran idea. Pero lo normal es que si tienes pocos recursos industriales, financieros, artísticos… la película acaba saliendo peor.

Alumnos de producción la ECAM trabajando en sus proyectos de Diplomatura. Fotografía: Rigel Pomares.

¿Y las nuevas tecnologías no han permitido que sea cada vez más fácil producir una película, y por tanto que sea más barato?

J.N.: Es cierto que con las nuevas tecnológicas y el dominio absoluto de lo digital, es más fácil experimentar y tienes un mayor margen de gastos; pero también es verdad que eso ha llevado a perder una noción de rigor. Por ejemplo, hace años cuando se rodaba y se producía en celuloide, el metro de celuloide era sagrado no sólo por el coste que tenía el propio material, sino también por todo el proceso de rodaje. Todo eso obligaba a que todo el mundo llevara a raja tabla el rigor propio de una producción, hasta el punto de que si a lo mejor rodabas una tercera toma ya empezaba a cundir el pánico.

Pero ahora, a lo mejor van por la toma 18 y es el propio director quien dice que se siga rodando, sabiendo que no va a haber implícito un mayor gasto. Y lo que pasa con esto es que al final, aunque no te des cuenta, vas perdiendo rigor en la producción y eso sí se acaba notando.

B.B.: Es cierto que ahora hay muchos medios que hacen que sea más fácil hacer una película, con mucha tecnología y nuevas cámaras que hacen que el rodaje sea más sencillo. Pero eso no significa que gracias a esa nueva tecnología cueste menos hacer una película. Porque en realidad lo que más cuesta de una producción es el equipo y personal humano, y ese va a estar siempre, independientemente del equipo técnico que se esté utilizando.

Hay ocasiones en que la única manera de reducir el presupuesto es reducir el tiempo de rodaje de la película para contratar durante menos tiempo a ese equipo humano. ¿Qué pasa? Que en ocasiones resulta muy difícil ajustar ese presupuesto sin tener que ajustar también el guión. Y es por eso que el director de producción también debe contar con una capacidad creativa, para así poder desarrollar la película, junto con el director, teniendo en cuenta el presupuesto del que se dispone.

Entonces, ¿se puede decir que un productor nunca deja de aprender?

Exacto. Nunca dejamos de aprender. Eso es algo con lo que insisto mucho a mis alumnos. El productor tiene que estar siempre al día. Ya seas productor o director de producción, tienes que estar al día de todo lo que se cuece: los directores de producción con todas las nuevas tecnologías (máquinas para postproducción, últimas cámaras que han salido al mercado, legislación laboral, escenarios…) Y los productores ejecutivos también: desde cuestiones financieras hasta conocer a los guionistas que, aunque sean nuevos, son los más adecuados para según qué tipo de película quiera desarrollar ese productor ejecutivo.

Alumnos de la ECAM trabajando en sus proyectos de Diplomatura. Fotografía: Rigel Pomares.

¿Y cómo ha sido ese proceso de, además de productores, ser ahora también profesores de la ECAM?

B.B.: Yo llevo ya 11 años en la escuela pero siempre me ha gustado enseñar a los que estaban empezando. Y por otro lado a los alumnos les viene muy bien que sus profesores sean gente de la profesión que conoce las cosas tal y como son. Además, es bueno que los alumnos tengan la opción de elegir entre las dos especialidades de producción que existen en la ECAM: producción ejecutiva y dirección de producción.

J.N.: En mi caso he descubierto una vocación desconocida, además de aprender muchísimo. Lo curioso es que en el curso que yo imparto a los de primero, que es común para todos los alumnos mientras que en segundo y tercero ya eligen especialidad, lo primero que les enseño es "qué es el cine".

Para mí lo importante es que vean las diferencias que separan a la industria cinematográfica de otras industrias, y por ello hablo sobre conceptos básicos de dramaturgia, que en mi opinión es esencial. Pues si un productor no maneja las técnicas de relato y dramaturgia, por ejemplo, de entrada no va a poder leer bien un guión y analizarlo para a partir de ahí desarrollar un presupuesto; y después no podrá ponerse en un nivel de igualdad con los guionistas, con los que luego va a tener que discutir muchísimos aspectos de ese guión.

Pero además procuro acabar con todas las ideas preconcebidas con las que llegan a la escuela. Digamos que en el mundo del cine y de las escuelas de cine, el glamour está en la dirección o la fotografía. Y eso es maravilloso. Pero también ves que los alumnos que quieren especializarse en dirección vienen con la idea de que el productor es sólo el que les va a poner trabas. Y aunque es verdad que surgen problemas, pues no dejan de ser recursos limitados que hay que discutir, siempre lo mejor es partir de una dialéctica positiva y creativa entre la producción y la dirección. Y para eso lo primero es que el productor entienda el lenguaje específico que usa el director, pero también el lenguaje propio de los guionistas o la función narrativa del sonido.

En ese sentido resultaba muy curioso la formación que se seguía en escuelas como las de RTVE, donde el productor aprendía estando seis meses en el departamento de arte, luego en el de sonido, en el de fotografía… para así tener al final una visión global de lo que es hacer una película.

Alumnos de la ECAM trabajando en sus proyectos de Diplomatura. Fotografía: Rigel Pomares.

Y según vuestra experiencia como profesores, cómo de preparados salen los alumnos cuando terminan la Diplomatura.

J.N.: Una cosa que se hace en la ECAM, y que en mi opinión es muy buena, es el “Desarrollo de proyectos” y que supone una auténtica experiencia didáctica. Se trata de un proyecto transversal entre distintas especialidades y que consiste en que, cuando terminan el primer curso y ya se conocen todos los alumnos y empieza a haber afinidades sobre las distintas formas que tienen de trabajar, se forman grupos de tres alumnos en los que debe haber un alumno de la especialidad de guión, otro de producción y otro de dirección.

Esos tres alumnos se ponen a elaborar una idea al inicio del segundo curso y que al terminar el tercer curso se debería haber convertido en un cortometraje, gracias también al tutelaje de dos profesores, entre los que tengo la suerte de incluirme. Se trata de una experiencia asombrosa tanto para mí como para todos los alumnos, ya que les permite salir de esa burbuja en la que estaban y donde todo se centraba en el guión o en la dirección. Es un proyecto donde ningún alumno domina sobre los demás y cuyo objetivo es que aprendan cómo va a ser el trabajo cuando salgan de la escuela, y donde lo más importante va a ser interactuar con otros profesionales cinematográficos.

En muchas ocasiones esa idea puede acabar convertida en un cortometraje que participa en festivales tanto nacionales como internacionales, gracias al apoyo de la ECAM. Ya sea para ese proyecto de fin de Diplomatura o en otros cortometrajes o largometrajes que quieran desarrollar, la escuela siempre ofrece a sus antiguos alumnos sus sets de rodaje, equipos de post-producción, materiales y equipos de atrezzo, además de ayudarles con las distintas vías de distribución del proyecto. En ese sentido destaca ECAM Distribución, responsable de impulsar la carrera de los alumnos a través de la distribución de esos proyectos para que tengan la mayor difusión posible a través de festivales de cine, salas de proyección, televisiones…

El objetivo último es el de servir de escaparate para todo ese talento emergente que hay en España, y que cada vez es más visible tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Gracias también a esos profesionales de la producción que, como José Nolla y Belén Bernuy, han querido compaginar su labor dentro del cine con la que desarrollan dentro de las aulas, formando así a las próximas generaciones de directores y guionistas y también de productores.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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