El Ministerio del Tiempo 3×7: Tiempo de Censura

El Ministerio del Tiempo 3x7: Tiempo de Censura

El Ministerio del Tiempo 3x7: Tiempo de Censura

Series: El Ministerio del Tiempo

4 Stars

Summary

Años 60. Mientras en el resto del mundo comienza un movimiento de libertad y de sí al amor, no a la guerra, en España la dictadura impide que el país evolucione también desde el punto de vista cultural, con una libertad de expresión que ve cortada sus alas por culpa de la censura.

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El Ministerio del Tiempo ha vuelto más reivindictivo que nunca. Valiéndose de una película como Viridiana, que triunfó en Francia décadas antes de que los españoles pudiéramos siquiera verla en las salas de cine, nos han mostrado las distintas caras de una censura que, tristemente, sigue estando presente en muchos aspectos del día a día.

En aquellos tiempos, lógicamente, la censura era más ferrea. Y aunque para los espectadores más jóvenes tal vez haya resultado curioso ver a un cura en el comité que decide si una película puede verse en los cines, y habiéndosele dado a la historia un toque de humor de la mano de ese cura que no entiende por qué los Jedis visten como maquis, o de un Alonso de Entrerríos que no termina de entender cómo en España la gente se mete con la religión, “la única fe verdadera”, asegura; esa no dejó de ser la triste realidad durante muchísimo tiempo.

Así es cómo se ha conseguido que este episodio que partía de un hecho aparentemente ligero, pues la misión era conseguir que Viridiana se estrenara (al lado de impedir que un rey sea asesinado, lo que le pase a una película parece menos importante), se haya transformado en una sucesión de momentos de lo más dramáticos. Y si además eran aderezados con una banda sonora que tiraba de nostalgia, incluso para los que no vivimos esa época en persona pero sí la hemos recordado a través de cientos de documentales, pues para de contar.

Porque si ya es triste de por sí que una película no pueda ser estrenada porque los que están en el poder consideran que atenta contra la religión, a eso le hemos añadimos a una Irene Larra que ha hecho frente a sus propios demonios, y como colofón a una Lola Mendieta que por fin descubre toda la verdad.

Comenzando por Irene Larra, hasta ahora ya sabíamos que su vida en 1960 no fue fácil, pues estaba a punto de sucidarse cuando fue reclutada por el Ministerio del Tiempo. Así pues, ya intuíamos que la nueva misión que la llevaría justo un año después de que se planteara acabar con su vida, no iba a resultarle precisamente sencilla.

Y no lo ha sido. En absoluto. Ha bastado un simple vistazo al marido de Irene para entender cómo era posible que esa mujer tan fuerte, segura y decidida que era Irene Larra, hubiera estado a punto de tirar todo por la borda. Pero como le dijo la misma Irene a Amelia Folch cuando la reclutó, ambas habían tenido la desgracia de vivir en una época que se les había quedado pequeña.

En el caso de Irene lo que le pasó fue que tuvo la desgracia de vivir en una época en la que la mujer sólo estaba hecha para dar hijos a su marido y criar de ellos. Y si esa mujer no sólo no le daba hijos sino que además tampoco le gustaba estar con su marido porque lo que le gustaban eran las mujeres, pues era lógico que su marido acabara convirtiéndose en su peor enemigo.

Pero si a eso le sumas que ni los propios padres de Irene la aceptan, hasta el punto de que su propia madre prefiere encerrarla en un sanatorio para que “curen su enfermedad” y suelta frases del tipo “Dios te ha castigado por lo que eres”, pues normal que Irene aceptara tan rápidamente trabajar para el Ministerio del Tiempo. De hecho, seguro que muchos hoy en día tomarían la misma decisión. Porque para tener que soportar eso cada día en el propio hogar, también me plantearía la posibilidad de viajar en el tiempo a ver si con suerte dentro de un tiempo la gente sería un poquito más abierta de mente… Y es que han pasado 50 años desde entonces pero, por desgracia, en ese sentido la censura sigue presente; tanto la que se observa desde fuera en algunos medios, como la que muchos se ven obligados a imponerse a sí mismos por miedo.

Afortunadamente, en el Ministerio del Tiempo siempre dan una de cal con otra de arena. De ese modo, aunque ha sido trágico ver cómo la madre de Irene se ponía del lado de su yerno antes que del de su propia hija, al menos el padre (un militar para más señas) sí que ha aprendido a querer a su hija, incluso admitiendo que nunca podrá entender por qué Irene es como es.

Y gracias, claro está, por los intermedios más ligeros que hemos tenido de la mano de Pacino y Angustias, que se han hecho un "Regreso al futuro II" en toda regla, más un buen número de guiños a Star Wars que, la verdad, eran de lo más inquietantes: porque hasta puedo imaginarme a Darth Vader hablando en ruso, con todo el Imperio teniendo ese toque militar... ¿pero a Pepe Isbert como Yoda?

La otra historia agridulce de la que hemos sido testigos ha sido la protagonizada por Lola Mendieta, y donde las paradojas temporales han sido clave para crear una situación curiosa y trágica al mismo tiempo.

Porque sí; en las otras veces que habíamos podido ver a “la amiga” de Lola Mendieta, ya se intuía que era algo más que su amiga. Pero ¿su hija? Normal que la Lola de veinte años se quedara a cuadros y no supiera cómo reaccionar. Especialmente cuando tan extraño encuentro ha tenido lugar por un único motivo: recuperar el libro de las puertas que tenía la mujer.

Y aquí llegamos a un personaje que cada vez me resulta más inquietante: Salvador Martí. Parece mentira cómo puede cambiar la impresión que se tiene de una misma persona en tan poco tiempo. Así, de verle al principio como un jefe bastante simpático y campechano que ya me gustaría tener, últimamente cada decisión que toma hace que suba el pan. Y sí, es verdad que mantener la Historia tal y como es, no es tarea sencilla. Y que el hombre al menos es sincero cuando dice que no sabe hacerlo mejor.

Pero desde el principio la máxima del Ministerio del Tiempo había sido mantener la historia tal y como estaba, por mucho que hubiera que dejar que gente inocente muriera, pues así es como había ocurrido de verdad… Pero hasta ahora no habíamos visto otro punto de vista que nos hiciera plantearnos otra posibilidad.

Porque hasta ahora “los otros” que viajaban en el tiempo lo hacían sólo por motivos puramente lucrativos, para enriquecerse a cualquier costa, y así era lógico que uno tomara partido de Salvador Martí y su Ministerio del Tiempo, por mucho que a veces sus decisiones no fueran fáciles.

Pero cuando ha entrado en escena un nuevo grupo, el de Los Hijos de Padilla, que lo que quieren es cambiar la historia para que sea justa con esos hombres y mujeres que también forman parte de la Historia pero a los que todo el mundo ha olvidado porque son los pobres, los marginados y los abandonados en cunetas… ¿quién tiene razón? ¿Cuál es la decisión correcta? ¿Que todo se mantenga igual, sabiendo que mucha gente inocente va a morir? ¿O intentar cambiarla y correr el riesgo de que el nuevo futuro creado sea peor que el que ya tenemos?

Todo sería más fácil si se siguiera esa máxima que dice que conocer el pasado nos permite aprender de él y no cometer los mismos errores. Pero, por desgracia, esa es una máxima que muy pocas veces se cumple.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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