El Ministerio del Tiempo 3×13: Entre dos tiempos

El Ministerio del Tiempo 3x13: Entre dos tiempos

El Ministerio del Tiempo 3x13: Entre dos tiempos

Series: El Ministerio del Tiempo

5 Stars

Summary

Una serie sobre viajes en el tiempo que TVE emite en los años 60 y una agencia de viajes que pretende democratizar los viajes en el tiempo en el año 2017. Para su última misión Alonso, Pacino y Lola deberán esforzarse al máximo, pues la propia existencia del Ministerio del Tiempo depende del éxito de su misión.

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Resulta complicado analizar el último episodio de la temporada de El Ministerio del Tiempo. Complicado y agridulce pues, como ocurre cada año, la temporada termina con la duda de si tendremos más Ministerio del Tiempo. Y además el tema elegido, el título y todo lo que ocurría hacía que esas dudas apuntaran más a que la serie había puesto su punto final, por lo que el que ha sido sin duda uno de los mejores episodios nos ha dejado un regusto a amarga despedida.

Y es que con “Entre dos tiempos” han conseguido lo impensable. Ese giro de tuerca que parece más un triple salto mortal y donde, si al final se despiden, lo han hecho a lo grande: parodiándose a sí mismos pero con un toque de los años sesenta, al mismo tiempo que daban una clase magistral de historia de la televisión con la presencia de uno de los personajes que marcaron un antes y un después en ella, Narciso Ibáñez Serrador, y de paso recordándonos el gran poder que tienen los medios de comunicación con algo tan aparentemente simple como es una serie de ficción. ¿Cómo? Pues soltando unos cuantos “guiños” a la mano que le da de comer que han sido tan divertidos y brutales como eran tan necesarios.

Y como muestra esos cinco primeros minutos del episodio que son directamente para enmarcarlos: entre la cabecera que más retro no podía ser, habiendo conseguido incluso que la sintonía sonara a música cascada, como los documentales del NO-DO; el reparto de la serie del año 1966 que ha Irene le parecía cojonudo (normal con sus padres haciendo de Julián y Amelia y Jaime Blanch haciendo de un Alonso con menos garra); o los comentarios tan certeros de Salvador Martí sobre que “se supone que en la segunda temporada saldrá Pacino” o de Irene con los “próximamente” y que son sinónimo de “vete a saber cuándo”; era para ponerse en pie, aplaudir, y gritar “ole vuestros cojones”.

Porque resultaba muy difícil no comparar lo que estaban viviendo los funcionarios del tiempo con lo que nosotros como espectadores hemos experimentado cada semana con esta serie que se despide por todo lo alto, y tal vez para siempre.

Y qué decir de esa referencia a la duración de los episodios de las series en aquella época, que afortunadamente duraban menos porque si no imposible que les hubiera dado tiempo a escribir los nuevos guiones, o a que los americanos iban a hacer su propia versión y que “seguro que les saldría mejor”…

Pero porque estamos ante una ficción que además de parodia y crítica se toma muy en serio su papel de entretener y enseñar, en este episodio final también ha habido tiempo para contarnos una de esas historias que te tienen enganchado de principio a fin.

Así, además de ver los entresijos del rodaje de una serie y cómo se manejan los hilos desde los despachos de los productores, también hemos visto lo diferente que era hacer ficción en una época en la que las alabanzas al señor Franco podían hacer que directamente se cambiara la Historia, incluso si era en una serie sobre viajes en el Tiempo.

Y, por supuesto, también hemos visto a nuestros funcionarios del tiempo (los de verdad) tomándose muy en serio su papel de figurantes, y luego a Alonso tomándose muy en serio su papel de Alonso (como debe ser), hasta el punto de acabar siendo un poco divo, pero todo sea por el bien de la misión.

Y la misión no era otra que acabar con esa serie que además de ser horrible y una puñetera mierda y que se atrevía a poner a una secretaria mucho más joven que Angustias o a tergiversar la relación entre Julián y Amelia, daba demasiada información sobre el auténtico ministerio del tiempo. Por tanto, había que averiguar quién había escrito esos guiones y acabar con la serie de El Ministerio del Tiempo antes de que se emitiera en TVE.

Y en la ficción lo han conseguido (para saber qué ha pasado en la realidad tocará esperar otra vez), dando con un Ureña genialmente interpretado por Luis Larrodera, que resultaba ser el nieto de un antiguo funcionario que quería sacar provecho de su abuelo. Y ya que él conocía las misiones de Alonso, Julián y Amelia, ¿por qué no contarlas él también, aunque fuera a su modo?

Y es que cuando el objetivo es sacar tajada, lo de menos es la realidad. Así, cuando al final consiguen acabar con el sueño de Ureña de hacer una serie sobre viajes en el tiempo y ponen en su lugar “Historias para no dormir” de un tal Narciso Ibáñez Serrador (también fantástico de la mano de Sergio Villanueva), porque algo hay que poner los viernes por la noche, el señor Ureña no se rinde.

Y su plan B al final resulta ser mucho más peligroso: utilizar el libro de las puertas para crear una auténtica agencia de viajes en el tiempo. ¿Para que los jóvenes y no tan jóvenes puedan aprender la historia viviéndola en primera persona, ya que en esa realidad no existe una serie llamada El Ministerio del Tiempo? ¡Por supuesto que no! Al lado de eso mucho mejor poder viajar al día de tu boda para hacerte un selfie con tu yo más joven, ¡y ojo a los precios especiales para viudos!

La verdad es que por primera vez me ha alegrado que la ficción acabe superando a la realidad, pues esa realidad alternativa era bastante triste… y mejor no pensar en cómo reaccionaríamos si efectivamente existieran los viajes en el tiempo… Y es que, como bien decía Pacino, al lado de los Hijos de Padilla, del Ángel Exterminador o de los nazis, el turismo ha acabado siendo su gran enemigo.

Un enemigo llamado Carpe Diem cuyo director sólo ve las oportunidades de enriquecerse y no sabe nada de los viajes en el tiempo y los famosos efectos mariposa con los que hay que lidiar: por ejemplo, cuando llevas al siglo XIV a gente del XXI, llevando con ellos las enfermedades del futuro y en una época en la que la medicina estaba bastante más retrasada.

En conclusión, nuestros funcionarios han pasado de ver sus versiones más retro de sí mismos, a acabar en un presente donde nada es como debería ser, siendo el más perjudicado el pobre Alonso ahora que por fin había decidido asentar la cabeza con Elena y centrarse en salvar su presente en lugar del pasado de todos… Pero para que eso pudiera ocurrir antes debía solucionar el entuerto que Ureña había creado.

Para ello viajaremos una vez más por la historia hasta acabar en una auténtica cacería humana del siglo XIV que nos demuestra que cuando de enriquecerse se trata, la crueldad humana no tiene límites… Y sí, mejor seguir pensando que la ficción siempre va a superar a la realidad.

Y afortunadamente en la ficción siempre habrá gente como Irene, quien velará por los inocentes (y de paso demostrará lo dura que es y lo bien que le sienta el parche), y gente como Ernesto, que sabe esperar el tiempo que haga falta para dar con el momento adecuado para solucionar el problema.

Pero después de ver una serie en blanco y negro sobre viajes en el tiempo, una agencia que ofrece viajes en el tiempo, y una cacería humana intertemporal, aún quedaba una última carta que mostrar. Y es que no podían habernos dejado en esta temporada la miguita de que se podía viajar al futuro sin enseñarnos al menos un poquito de ese futuro, que ha resultado ser bastante desalentador al aparecer una España totalmente destruida por culpa de los virus traídos del siglo XIV… Y es que el poder de viajar en el tiempo conlleva una gran responsabilidad, y nadie sabe llevar esa carga mejor que Salvador Martí.

Algo que ha quedado bien claro cuando, tras convencer a Ureña de que olvidara su peligroso plan de usar las puertas del tiempo para enriquecerse y que solucionara el entuerto que había creado, ha puesto fin al problema de viajar a futuro destruyendo el móvil de Pacino, único lugar que conservaba la versión completa del libro de las puertas. Y es que, si Salvador dice que no se puede viajar al futuro, es que “no se puede” viajar al futuro.

Y llegamos así a esa escena final de Alonso y Elena. El ejemplo perfecto de un futuro abierto en el que por fin Alonso ha encontrado un nuevo camino que recorrer junto a Elena, mientras que el resto de funcionarios prometen seguir cuidando de nuestra Historia, cueste lo que cueste.

Y sí, es un final perfecto que no suena a final sino a “continuará”. Pero también es un “continuará” que tal vez no lleguemos a ver.

Así, saber que tal vez esta ha sido la última vez que hemos visto a los funcionarios del tiempo pese a ser una serie que gusta a público y crítica, pero que a los últimos a los que parece gustar ese a los jefazos de TVE, hace que ese final perfecto resulte tremendamente injusto.

Y sí, tal vez podamos quedarnos con el hecho de que El Ministerio del Tiempo se ha despedido a lo grande. Soltando zascas como si no hubiera un mañana con frases como “la gente creerá lo que nosotros le digamos, para qué crees que se inventó la televisión” en una cadena como TVE, que es de las que más críticas recibe por su falta de objetividad.

Y es que no era para menos cuando esta puede ser la última vez que les veamos, por lo que han querido soltar todo lo que llevaban guardándose desde el inicio, y que los fans de la serie conocíamos demasiado bien

Porque si la cadena que les da de comer y que es la que más debe cuidar a sus series es la que hace cosas como poner delante del episodio un programa que nadie aguanta, retrasando la hora de emisión desde las 22:00 a las 22:50; que se atreve a cambiar el día de emisión sin avisar y a dos episodios del final; o que hace cosas como anunciar que vuelve el día que no es y no avisar que la semana que viene no habrá episodio, dejando una constante sensación de frustración a los fans que SÍ queríamos ver la serie… ¿cómo no se van a atrever ellos a decir eso? Y más cuando no deja de ser la pura verdad.

Sólo por eso, ole El Miniserio del Tiempo. Una serie que llegó hace tres años con más dudas que interés por parte de los espectadores (y aquí me incluyo la primera) pero que en poquísimo tiempo se coló en nuestros corazones al descubrirnos una nueva manera de hacer ficción en España, apostando por algo tan nuestro como es la autocrítica y la capacidad de reírnos de nosotros mismos.

No tengo ni idea de si El Ministerio del Tiempo volverá o no para una cuarta temporada, pero si no lo hace dejará un gran vacío en los espectadores que queremos ver series propias y que queremos sentir como propias y no como copias (buenas o malas) de las americanas, y que además sabíamos que cada semana nos íbamos a divertir, íbamos a ser testigos de nuevas aventuras y además íbamos a aprender lo que jamás habríamos imaginado sobre la Historia de España… A todos esos fans, a los ministéricos… ¿qué nos quedará ahora?

Quién nos dejará ahora la miguita de pan para que nada más terminar el episodio o al día siguiente a más tardar nos metamos en Google para conocer más de la Vampira del Rabal, de los últimos de Filipinas, del Papa Luna, de la operación Mincemeat, del cacique Gonzalo Guerrero, de Joaquín Argamasilla “el hombre de los rayos X” y tantos y tantos otros.

Sí, es cierto que para querer conocer un poco más de la Historia de España ahí están los libros y no hay más que acercarse a ellos si uno realmente quiere aprender pero… ¿no era bonito jugar a ese juego entre ficción y espectador en el que El Ministerio del Tiempo nos acercaba a un nuevo personaje y nosotros éramos los encargados de terminar de descubrirlo? ¿No está también para eso la televisión? ¿Para informar y dar a conocer, y encima entreteniéndonos?

Esa era una misión que hasta ahora habría parecido imposible pero que los señores de El Ministerio del Tiempo han conseguido. Y eso siempre estará ahí: nuestra eterna gratitud por habernos hechos disfrutar, por habernos enseñado y por haber hecho que los lunes, los miércoles o el día de la semana que les diera la gana a los mandamases, fuera más ameno y alegre.

Por todo ello, tanto si esto es un “hasta luego” como un “hasta siempre”, gracias de corazón, funcionarios del tiempo.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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