El Ministerio del Tiempo 3×11: Tiempo de Verbena

Esta semana El Ministerio del Tiempo ha dado la campanada. Tras todo lo vivido con los refugiados del tiempo, el título de "Tiempo de Verbena" hacía intuir que en esta ocasión tendríamos uno de esos episodios más lights donde habría más comedia que tensión o drama, y que vendrían realmente bien para relajarnos un poco con todo lo que estaba pasando.

Pero nada más lejos de la verdad. Aunque es cierto que ha habido mucho humor, por ejemplo viendo a Pacino poseído por el espíritu de la zarzuela y que la situación se le fuera de las manos, o sobre todo viendo a Angustias pasando de hacer de una diva de la zarzuela muy catalana a ser poseída por Lola Flores para terminar haciendo de Lina Morgan, que es algo que directamente no tiene precio. Y ya sabíamos que Angustias daba mucho juego con ese saber estar, daba igual qué se le pidiera: desde cantar misa y seducir a Napoleón, hasta ser la más cotilla del barrio pero con discreción, como debe ser. Pero definitivamente en este episodio Angustias ha sido la gran triunfadora.

Pero lo dicho. Aunque la trama principal ha sido un poco más liberadora, pues en esta ocasión no había que salvar a nadie ni ningún funcionario corría el riesgo de morir, eso no ha quitado para que hayamos disfrutado de otro episodio del Ministerio del Tiempo marca de la casa. Esto es, con uno de esos episodios donde cada frase es puro oro.

Empezando por la cantidad de refranes que se han recordado, aprovechando que el Madrid del siglo XVII fue uno de los grandes focos del refranero español, o viendo esa chulería tan innata de los Gatos y que finalmente te posee (que se lo digan a Pacino), también hemos sido testigos de una genial conversación sobre gustos musicales entre personas de distinto siglo. Y quién nos lo iba a decir, pero lo de que “la música de antes era mucho mejor” era algo que ya se venía diciendo desde los tiempos de los cantos gregorianos.

Pero además de ver a Pacino y Angustias haciendo de chulapos, o a Lola Mendieta dando vida a una humilde costurera pero que canta como los ángeles… y que sin quererlo acaba metida en problemas de pareja; también ha habido unas cuantas escenas de esas que sabes que te van a enseñar de todo y sólo puedes esperar a que te llenen de sabiduría.

Me refiero a esos momentos en los que de repente se menciona un lugar o una persona concreta y sabes que no ha sido casual. Que es algo así como ese maestro que deja caer la miguita de pan para que tú sigas el rastro y averigües todo lo que hay escondido. Y vaya si había algo escondido. ¡Un auténtico tesoro!

En esta ocasión han sido dos los grandes descubrimientos que hemos hecho, y que nuevamente son de esas historias  que te sorprenden tanto por el hecho de que algo así hubiera ocurrido de verdad, como que ese algo nos hubiera pasado hasta entonces totalmente desapercibido.

Por un lado, y más centrado en el argumento, hemos descubierto el verdadero origen de Arteche, ese hombre que parecía ser inmortal porque… bueno, es que era inmortal. O al menos se convirtió en un ser inmortal cuando en tiempos de Viriato bebió un extraño brebaje que consiguió que a partir de ese instante siempre viviera, daba igual cuántas balas o puñaladas le metieran en el cuerpo.

Pero si semejante sorpresa no fuera ya suficiente, además han querido relacionar a este misterioso personaje con un libro que fijo ya están buscando muchos en las librerías públicas (yo la primera), pues Arteche ha resultado ser el protagonista del libro “Un soldado español de 20 siglos”. Una obra escrita en el 1875, pionera en el género de la ciencia ficción, y que desde El Ministerio del Tiempo han querido convertir en un hecho real protagonizado por nuestro misterioso Arteche, ya que uno de sus descendientes fue quien plasmó toda sus aventuras: José Gómez de Arteche.

Así, lejos de quedarse en la anécdota del libro o metiéndole en uno de los cuadros más famosos de Velázquez como es La rendición de Breda, con Arteche nos hemos encontrado de golpe con una de esas historias que te tocan, da igual lo poco real que sea. Y es que si la semana pasada ya veíamos que Arteche iba a dar para mucho, siendo el hombre fuerte del Ángel Exterminador y además un hombre con mucho carácter y al que era imposible matar… literalmente; esta semana hemos podido conocerle un poquito más. Y además lo hemos hecho gracias a Alonso, el otro soldado del grupo y que, pese a no tener muy claro cómo funciona eso de la empatía, sabe reconocer a un compañero soldado cuando lo ve.

Y es que Arteche, por muchos años que haya vivido, no deja de ser un soldado que sabe lo que es el honor y que siempre va a pelear por lo que cree que es justo, da igual bajo qué órdenes esté: las de Viriato, los Tercios de Flandes o la Armada Invencible… Pero entonces, ¿cómo es que se ha pasado al bando del Ángel Exterminador y estuvo a punto de matar a Simon Bolívar, el gran libertador?

Pues porque Arteche es un soldado que ya se ha cansado de luchar. Porque cuando ya has olvidado en cuántas guerras has participado, a cuántos has salvado y a cuántos has matado, y lo único que puedes recordar es a todas las mujeres, hijos y nietos a los que has visto morir en tus brazos… lo único que quieres es descansar de una vez por todas. Y si ese descanso puede proporcionártelo un Ángel Exterminador, pues haces lo que te piden: ofrecer tu sangre para que puedan crear a un ejército de inmortales, y luego convertirte en su asesino a sueldo.

Afortunadamente para Arteche el Ministerio del Tiempo consiguió rescatarle a tiempo del Ángel Exterminador. Y aunque le rescató secuestrándole, lo que ya es bastante curioso, ello hizo que conociera al único hombre que realmente podía ponerse en su lugar: otro soldado de los Tercios que sabe lo que es vivir por honor y lo que es perder a ese ser querido que el tiempo te ha arrebatado.

Así, tras una conversión absolutamente maravillosa entre Arteche y Alonso en la que ya éramos incapaces de ver a Arteche como “el malo” de la historia, Alonso nos ha recordado que al lado del Ángel Exterminador el Ministerio del Tiempo sí es de los buenos. ¿Cómo? Pues ofreciéndole a Arteche lo que tanto ansiaba, ese merecido descanso tras 2000 años luchando, llevándole al mismo tiempo en que todo comenzó para poder deshacer el hechizo en el que llevaba atrapado desde hacía tantísimo tiempo.

La pena es que con la marcha de Arteche, aunque haya sido un personaje que ha calado muy hondo en tan poco tiempo, se nos va la oportunidad de saber más de él y disfrutar de más conversaciones con Alonso que habrían sido épicas. Pero supongo que eso es lo mejor que le puedes pedir a un personaje aparentemente secundario: que siempre te deje con ganas de más. Y quién sabe; esto no deja de ser el Ministerio del tiempo y sabemos exactamente tras qué puerta podemos encontrarle, así que… ¿tal vez volvamos a ver a Arteche en un futuro?

Por último, no quiero terminar este análisis sin hacer referencia al otro detalle sorprendente que hemos descubierto con el episodio de esta semana. Porque sí, por fin Salvador sabe que el líder del Ángel Exterminador es su inmediato superior. Y sabe que el objetivo de ese grupo secreto era utilizar la habilidad de regeneración de Arteche para crear un ejército de inmortales que, afortunadamente, no les salió bien. Pero además de eso nosotros como espectadores hemos descubierto otro de esos personajes de la historia tan sorprendentes que, sorprendentemente, siguen siendo unos completos desconocidos.

Me refiero al otro nombre que se menciona de pasada cuando Irene, Salvador y Ernesto intentan descubrir quién o qué es Arteche, y hablan de una tal Henrietta Lacks.

Y como decía antes, como buen seguidor de El Ministerio del Tiempo nada más escuchar ese nombre sabes que el profesor acaba de dejarte otra miguita de pan y sabes lo que tienes que hacer: apuntarte ese nombre para que, cuando termine el episodio, continuar con la lección de historia y conocer más de esa mujer. Y si no lo habéis hecho ya os lo recomiendo, porque Henrietta Lacks es uno de esos personajes tan asombrosos y trágicos al mismo tiempo que resulta increíble que no sea conocido por todos, pues sólo por lo que consiguió en vida (y en muerte) la Historia debería haberle dedicado un capítulo de honor en sus libros.

Y es que, como bien decía Irene Larra, Henrietta Lacks es el único ser humano cuyas células tienen la capacidad de ser inmortales, hasta el punto de que una vez muerta esas células siguieron vivas y creciendo en un cultivo de laboratorio… ¡y lo siguen estando hoy en día, habiendo pasado 60 años de su muerte! De hecho, cuando se descubrió la sorprendente capacidad de las células de Henrietta los científicos de la época se dedicaron a reproducir esas células para utilizarlas como base para realizar sus experimentos en una época en la que la investigación científica no contaba con mucha materia prima.

Y así fue como, sin quererlo ni beberlo (lo triste de la historia es que Henrietta fue obligada a “donar” sus células y ni ella ni su familia recibió jamás un reconocimiento por ello), Henrietta ayudó a que tuvieran lugar las investigaciones que sirvieron para estudiar enfermedades como el cáncer o el párkinson, y que se encontrara la cura de enfermedades como la polio. Y sorprendentemente lo sigue haciendo hoy en día, pues las conocidas como células HeLa y que se produjeron masivamente a partir de la muestra original, a día de hoy siguen presentes en los laboratorios de medio mundo, tan vivas como cuando le fueron extraídas de su cuerpo, para seguir trabajando por el bien de la humanidad. Para que nos hagamos una idea de su legado, se produjeron hasta 20 toneladas de células HeLa y más de 11.000 patentes científicas fueron posibles gracias a ellas.

Y llegado a este punto en el que todavía estamos con la boca abierta por todo lo que le pasó a la pobre Henrietta, llega mi siguiente duda: ¿cómo demonios lo hacen? Me refiero a todos esos personajes que hemos descubierto desde que se estrenó el Ministerio del Tiempo, y que pertenecen tanto a la Historia de España como a la del resto del mundo. Porque no por primera vez me imagino al señor Olivares y su equipo de guionistas sentados frente a un escritorio y con una pila de libros antiguos buscando a ese personaje desconocido que merece la pena desempolvar para que todo el mundo sepa quién es y, ya de paso, que sirva para enriquecer un poco el episodio de la semana.

Sea cual sea la técnica que emplean no puedo por menos que darles las gracias por ello. Por seguir regalándonos cada semana episodios fantásticos llenos de humor, acción y drama, y además conseguir picarnos con el gusanillo de la curiosidad y el conocimiento. Ese que tan olvidado está últimamente pero que series como El Ministerio del Tiempo han conseguido recuperar. Sólo por eso esta serie merece convertirse en una de las más longevas de la televisión y referente de la ficción española de todos los tiempos…

Por desgracia, como bien decía Arteche, en este país sobrarán buenos soldados, pero lástima que tengamos tan malos dirigentes... Aun así, en mi caso y en el de todos los soldados ministéricos, sólo puedo prometer que aquí estaremos la semana próxima, cuando quiera que comience el episodio, listos para otra lección de Historia.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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