El Ministerio del Tiempo 3×06: Tiempo de esclavos

El Ministerio del Tiempo 3x06: Tiempo de esclavos

El Ministerio del Tiempo 3x06: Tiempo de esclavos

Series: El Ministerio del Tiempo

4.5 Stars

Summary

El rey Alfonso XII ha sufrido un atentado antes de dejar embarazada a la reina Maria Cristina, lo que pone en peligro la línea sucesoria de la Casa Real Española. Algo que no puede permitir el Ministerio del Tiempo y motivo por el que la patrulla viajará a Comillas y a la época en la que vive Amelia. Un destino que desvelará numerosas sorpresas.

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El episodio de esta semana de El Ministerio del Tiempo, con el que nos despedimos de esta gran serie por unos cuantos meses, ha dejado el pabellón por todo lo alto. Ha ofrecido un digno episodio de viajes en el tiempo donde las paradojas temporales se han entremezclado con una sucesión de tramas y misterios que prácticamente no nos han dejado descanso, y para rematar una despedida que en cuanto a dramatismo no tiene parangón. Pero, eso sí, todo aderezado con unas cuantas perlas de humor en las que no podían faltar los guiños a los propios seguidores de la serie.

Y es que lo que parecía ser uno de esos dichosos efectos mariposa empeñados en cambiar la Historia de España, en este caso motivado por un esclavo que sólo buscaba venganza, al final se ha convertido en un plan cuidadosamente calculado para cambiar esa Historia. ¿Un plan diseñado por El Ángel Exterminador, grupo secreto que conocimos hace poco? Pues la verdad es que eso habría resultado más sencillo, pero en esta ocasión ha surgido un nuevo grupo secreto que también viaja por el tiempo para manipular la Historia a su antojo: Los Hijos de Padilla.

La presencia de no uno, sino de dos grupos secretos ansiosos por cambiar la Historia dejará rápidamente en evidencia dos hechos. Uno: que lo de los viajes en el tiempo hace mucho que dejó de ser patrimonio exclusivo del Ministerio del Tiempo. Y dos y aún más interesante: que las cosas vuelven a teñirse de un maravilloso gris. Ese gris en el que ni se puede decir eso de que “los malos son malos porque sí”, pues buenos motivos tienen para hacer lo que hacen, y al mismo tiempo uno no puede evitar pensar que “los buenos” están haciendo las cosas bastante mal.

Es por ello que una de las escenas que más me han sorprendido para bien ha sido esa conversación entre Salvador Martí, Secretario del Ministerio, y Pere Folch, tío de Amelia e integrante de Los Hijos de Padilla. Y qué puedo decir, pero ese momento en el que    ha comparado al Ministerio con El Ángel Exterminador por ser también unos retrógrados obsesionados por dejar las cosas tal y como son e impedir a toda costa que la Historia cambie, ha sido cuanto menos curiosa.

Y es que las cosas cambian mucho según la perspectiva y el punto de vista que se tenga. Y aunque lógicamente todo depende de los métodos que uno emplee para desarrollar ese punto de vista (genial la cita de Amelia de que cuando matas a un hombre para defender una idea no estás defendiendo una idea, sino matando a un hombre), lo que queda claro es que en cuanto a Historia, a aprender de los errores del pasado o a no querer olvidar las injusticias que se cometieron en ese pasado… nunca resulta sencillo tomar una decisión, teniendo la seguridad de que es inequívoca.

Así, por mucho que a Salvador le gustaría que fuera distinto, esas decisiones que se tomen nunca van a seguir un patrón establecido. Y por tanto, eso de que “la Historia es la que es y no se puede cambiar” hace mucho que dejó de tener validez.

En el episodio de esta semana hemos tenido más claro que nunca este hecho, con una transgresión constante de las reglas establecidas. Por un lado con Salvador permitiendo que Amelia y Pacino viajen a Cuba para evitar que el niño Tomasín sea separado de su madre y de adulto, ya convertido en esclavo, atente contra la vida del rey (por error, pues en realidad quería matar al Marqués de Comillas). Y por otro lado con Salvador apostando su última carta a Lola Mendieta, la funcionaria del tiempo que traicionó al Ministerio por mantenerse fiel a sus principios; algo que los principales agentes del Ministerio no comparten con su jefe (Irene, Ernesto y Angustias), por lo que ya se intuye que la cosa acabará saliéndose de madre con una guerra interna dentro del Ministerio.

Porque aparte del hecho de que, efectivamente, contratar a la misma persona como funcionario del Ministerio del Tiempo abre la puerta a paradojas temporales para aburrir, ya se ha visto que los conflictos internos son siempre los peores. Y el hecho de que el grupo de Los Hijos de Padilla esté integrado por numerosos funcionarios del Ministerio que están hartos de seguir esa regla de “la Historia es la que es” y quieren cambiarla por “si podemos mejorar las cosas cambiando el pasado, por qué demonios no vamos a hacerlo”, es un buen ejemplo de ello.

Pero como eso ocupará buena parte del resto de la temporada de El Ministerio del Tiempo y ya habrá tiempo para ello, ahora prefiero centrarme en la gran protagonista de este epidosio: Amelia Folch. Un protagonismo que ha detentado no sólo al estar relacionada personalmente con el enemigo del Ministerio, siendo además esa persona quien la ayudó a convertirse en la mujer inteligente y con inquebrantables ansias de conocimiento que es hoy, sino también porque todo ha ocurrido en su época. Y al tener un imagen clara de lo que era ser mujer en esa época, hemos podido entender un poquito más a Amelia…

Me explicaré un poco mejor. Prácticamente desde que comenzó la serie, he de reconocer que los vacíos que había con la historia de Amelia no terminaban de gustarme. Me refiero al hecho de que a diferencia de Alonso, que debía vivir en el siglo XXI porque en su época en teoría había muerto y nadie podía verle, de Pacino, a quien veíamos de vez en cuando en su época, o por supuesto de Julian, que era de los pocos que vivía en su tiempo; de Amelia apenas sabíamos cómo se desenvolvía en su época y en su día a día. Es verdad que al principio del todo vimos que su relación con su madre no era lo que se dijera ideal, ya que le había tocado vivir en una época en la que una mujer sólo se definía por ser “la esposa de”, y además Amelia prefería no hablar de su futuro, sobre todo a raíz de la muerte de Julián. Por tanto, en cierto modo se entendía que no se tocara esa parte de su vida, centrándolo todo en su trabajo como funcionaria.

Pero en esta ocasión sí que hemos podido ver a Amelia en su época, en su tiempo, e interactuando con los suyos... Y lo que hemos visto ha sido dramático a más no poder. Y lo curioso es que lo que se ha mostrado no dejaba de ser algo que ya supimos desde el mismo instante en que Irene Larra reclutó a Amelia… Pero supongo que una cosa es que te lo cuenten y otra muy distinta que lo veas.

Y eso es justo lo que hemos visto: a una mujer que sueña con poder hacer lo que hacen los hombres. Y aunque eso es algo que si lo extrapolamos a nuestro tiempo, año 2017, tristemente sigue sin ocurrir en muchas facetas profesionales, en el siglo XIX era todavía peor. Porque entonces, como le ocurría a Amelia, al rechazo de los hombres por ver a mujeres intentando hacer lo mismo que ellos, se sumaba también el rechazo de las propias mujeres (la madre de Amelia en este caso) que no entendían por qué una mujer prefería estudiar a buscar marido.

Pero gracias a que nos hemos metido de lleno en la época de Amelia, en esta ocasión también hemos podido ver ese punto de vista de la madre… Y gracias a eso hemos dejado de verla como una pobre mujer corta de miras que no entiende a su hija, para encontrarnos con una mujer que es plenamente consciente de lo que supone ser mujer en el siglo XIX y sabe que, por mucho que le pese, no puede sobrevivir por su cuenta. Especialmente a raíz de perder a su marido.

Y ese ha sido el mazazo final. Si la muerte de un ser querido de los protagonistas siempre duele, más aún lo hace el ver cómo ese protagonista es consciente de que su padre no habría muerto si ella no estuviera trabajando para el Ministerio del Tiempo. Porque sí, por mucho que se le diga que en realidad no fue culpa suya y que todo se debió a una sucesión de hechos y circunstancias… en el fondo todos sabemos que Amelia se culpa por la muerte de su padre.

Y por esa culpa. Y como consecuencia de la muerte su padre, al haber dejado a una esposa sola y desvalida en una época que no estaba pensada para las mujeres, finalmente Amelia llevará a cabo el mayor sacrificio que se le podía pedir: renunciar a sus sueños de volar libre para cuidar de su casa y de su familia, en la misma época en la que sentía que vivía encerrada.

Tras presenciar algo así, lo cierto es que poco consuelo nos deja ese abrazo final entre Amelia, Alonso y Pacino o la esperanza de que pronto volverán a trabajar juntos.

Así, por muchas aventuras que estén por llegar, el Ministerio del Tiempo lo ha vuelto a hacer. Y se ha despedido (de momento) dando donde más duele: en el corazoncito de los espectadores, dejando un capítulo lleno de grandes verdades y de situaciones ante las que uno no puede evitar sentir empatía… ¡y estamos hablando de viajes en el tiempo!, lo que tiene aún más mérito.

Una vez más, me quito el sombrero.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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