El Ministerio del Tiempo 2×09: Óleo sobre tiempo

El Ministerio del Tiempo 2x09: Óleo sobre tiempo

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Series: El Ministerio del Tiempo

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Summary

Se está cometiendo el mayor robo de arte de la historia de España. Darrow, la empresa americana de viajes en el tiempo, se está dedicando a sustituir todos los cuadros que arderán en el incendio del Alcázar de Madrid, por copias baratas que serán pastos de las llamas. El Ministerio del Tiempo deberá detenerles… Pese a que ello implique dejar que ardan cientos de obras maestras.

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La vuelta del Ministerio del Tiempo tras el pequeño parón ha tenido a un protagonista indiscutible: Velázquez. El insigne pintor de cámara cuya grandeza es sólo comparable a su ego, por fin ha podido ir de misión con el resto de funcionarios para intentar evitar una injusticia que está a punto de cometerse.

Curiosamente, en esta ocasión la injusticia no será la que comentan los archienemigos del Ministerio: los americanos Darrow y su obsesión de enriquecerse a toda costa a través de los viajes en el tiempo; sino la que el propio ministerio permitirá que ocurra, al dejar que cuadros de Rubens, Tiziano y del propio Velázquez ardan en el Alcázar de Madrid, residencia de los reyes Felipe V e Isabel de Farnesio

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Y es que, paradojas del Ministerio del Tiempo, aunque ese incendio fue uno de los grandes desastres de la historia desde el punto de vista artístico, además de uno de los grandes misterios por resolver de la historia de España, no deja de ser historia escrita. Es decir, para el ministerio sólo hay un camino a seguir: hacer lo imposible para que esa historia no cambie.

Llegado a este punto, se entiende perfectamente que el pobre Velázquez se indigne tanto al pensar que sus cuadros, sus hijos, como él los llama, van a quemarse por las locuras de un rey ¡y nadie va a hacer nada! No sólo no van a hacer nada por evitar semejante desastre, sino que además los funcionarios se van a tomar la molestia de devolver a su sitio los cuadros que robaron previamente los americanos, permitiendo que los cuadros originales y no las copias se conviertan en pasto de las llamas...

Normal que Velázquez haya estado especialmente pesado en este capítulo, para desgracia del secretario del ministerio (aunque también nos ha permitido ver diálogos entre los dos, que siempre son una gozada) pues razones para indignarse no le faltaban.

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La nueva misión (o contra misión, si se quiere decir) permite además sacar a la luz otro de los capítulos más negros de la historia: la extraña relación que siempre ha existido entre monarquía y locura. Y es que por aquel entonces no parecía que hubiera muchos reyes cuerdos, aunque al menos ese es un mal que hemos compartido con las coronas de toda Europa y hasta con el mismísimo Imperio Romano... Y si no que se lo digán a Nerón y compañía.

En el caso del rey Felipe V, su locura es evidente desde el primer minuto con un cuadro clínico que ya quisiera Freud para estudiar, y donde no ayuda precisamente que por las noches se cuelen los hombres de Darrow para robar los cuadros que cuelgan de sus aposentos y sustituirlos por copias… ¿Qué esa locura (sin la parte de los ladrones) llevó al rey a quemar su propia residencia? Pues eso nunca se sabrá, aunque sí que resulta llamativo que los cuadros preferidos de los reyes que se guardaban en el Alcázar, por ejemplo las famosísimas Meninas, fueran trasladadas poco antes de que se quemara el palacio.

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Lo malo es que, por una vez que el Ministerio puede cambiar la historia para bien, evitando que semejante desastre artístico tenga lugar, Salvador Martí sigue emperrado en que todo ocurra tal y  como está escrito en los libros de historia, para mal del pobre Velázquez… Al menos, eso sí, le deja ir de misión, consiguiendo que el pintor malagueño sea un poquito más feliz.

Pero, curiosidades de la vida (o del guión del capítulo, en este caso), en una de las pocas ocasiones en que es normal que estemos de acuerdo con los americanos, porque aunque sea para enriquecerse, mejor que esos cuadros cuelguen de una residencia privada que convertirse en ceniza, los americanos hacen algo mucho peor: arriesgan la salud de sus trabajadores por el vil metal.

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Descubrimos así que el estupendo sistema de viajes en el tiempo sacado directamente de Star Trek y donde no hace falta que haya puertas que atravesar, no es tan magnífico como parece a simple vista, ya que desprende semejante carga radiactiva que en menos de un año los viajeros acaban muriendo por una metástasis galopante.

En conclusión: el terrible Walcott, que tan mal se lo hizo pasar a nuestros funcionarios, acaba mordiendo el polvo en la cama de un hospital… y Lola Mendieta va por el mismo camino.

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Así es. Uno de los personajes con más lógica que he visto en mucho tiempo, pues tenía las cosas claras desde el principio, tiene los días contados. Pero siguiendo con su aplastante lógica, Lola acaba siendo consecuente con sus actos y, tras descubrir que los dueños de Darrow saben que el sistema de viajes en el tiempo está matando a sus hombres pero les siguen obligando a viajar para enriquecerse, decide entregárselo en bandeja a Salvador Martí.

¿Qué la forma de entregárselo es bastante radical, con un tiro en la cabeza mientras Martí lo ve en directo a través del ordenador? Pues sí, para qué mentir. Pero así es Lola: directa y única, y al final siempre se sale con la suya... Sólo espero que podamos verla un poquito más, porque es uno de mis personajes secundarios preferidos.

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Así que al final, para bien de Velázquez, Lola convence a Salvador para que los cuadros que deberían haber ardido en el Alcázar, cuelguen ahora de los muros del Ministerio del Tiempo. Así todos contentos: el rey tiene la excusa perfecta para construir una residencia acorde a sus gustos franceses, la historia no ha cambiado una coma, y para rematar un edificio secreto del Gobierno contiene una de las colecciones de arte más exclusivas que nada tiene que envidiar a los bunker secretos de los nazis.

Un final increíblemente feliz, para variar, pero que deja la puerta abierta a varias historias que a lo mejor no acabarán tan bien: ¿Qué pasará con la criada de Amelia, que sabe que su señora esconde secretos, ahora que ha sido despedida? ¿Por cuánto tiempo seguirá Alonso de Entrerríos con el idilio que mantiene con la que es copia de su difunta esposa sin que ella descubra la verdad? ¿Y Julián podrá alejar definitivamente sus fantasmas ahora que se ha cambiado de casa?

Sólo el tiempo lo dirá.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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