El Ministerio del Tiempo 2×03: Tiempo de Hidalgos

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Series: El Ministerio del Tiempo

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Summary

El manuscrito de El Quijote que habría tenido que publicarse en 1605 ha desaparecido, y además Cervantes ha decidido dedicarse exclusivamente al teatro. El porvenir de la literatura española (y en realidad de la literatura mundial, pues El Quijote fue el primer ejemplo de novela moderna), está en peligro.

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El capítulo en el que Miguel de Cervantes Saavedra es el protagonista indiscutible, después de tanto tiempo oyendo hablar de él y con Pere Ponce interpretando al genial escritor, por fin ha llegado. Un capítulo que se estrena en mejor momento imposible, pues este año se cumplen 400 años de su fallecimiento, y he de reconocer que me ha sorprendido gratamente, pues no me esperaba nada parecido.

Y es que en lugar de presentarnos a Cervantes como un escritor afamado, y tal vez un poquito prepotente, como ocurre con Velázquez a veces, lo que vemos es a un escritor que duda de su propio trabajo y que vive obsesionado con el teatro; o mejor dicho, obsesionado por triunfar en el teatro, al igual que ocurre con su gran enemigo Lope de Vega.

Nos encontramos así con un escritor mundialmente conocido pero que, y esta es la gracia de la historia, todavía no sabe que lo va a ser, con lo que el Cervantes que vemos es el ejemplo de cualquier escritor que sueña con convertirse en el mejor escritor del mundo pero que nunca sabrá si al final llegará a serlo. ¿No es irónico?

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La escena que abre el capítulo, en la que vemos a Cervantes con los americanos (siempre liándola a costa de sacar provecho de los viajes en el tiempo), es cuanto menos divertida y trágica a un mismo tiempo:

Divertida porque tenemos a Cervantes haciendo algo impensable como es malvender la obra cumbre de la literatura española, ya que en esos momentos no sabe que su obra se convertirá en el segundo libro más traducido después de la Biblia, que será el libro que marcará un antes y un después en la forma de escribir novela, y que hoy se sigue estudiando en Universidades de todo el mundo.

Pero escena trágica a un mismo tiempo porque lo cierto es que en ese momento Cervantes tenía más dinero del que jamás vio en su vida, pues nunca llegó a disfrutar del éxito de su obra y, como tantos otros genios y artistas reconocidos hoy en día, murió en la más absoluta pobreza… ¿Cómo habría cambiado su vida si realmente hubiera vendido su novela por esa ingente cantidad de dinero, para dedicarse al teatro?

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Tal vez habría sido más feliz al vivir más holgadamente, amén de que habría podido dedicarse a lo que más deseaba en esos momentos: el teatro. Y con un poco de suerte, habría podido ser incluso mejor que Lope de Vega, su gran amigo y enemigo

Esta curiosa relación nace de la propia concepción que tenían del teatro y el éxito, y que queda muy bien reflejado con los dos actores que interpretan a los Cervantes y Lope: Pere Ponce y Victor Clavijo. Mientras Lope disfrutaba de la fama creando obras de teatro para el público en general, Cervantes aspiraba a un nuevo tipo de teatro, más culto, pero que no era entendido por la gran mayoría, por lo que seguía siendo un desconocido en eso de la dramaturgia.

Por desgracia para Cervantes (nuestro Cervantes ficticio), su sueño por ser un gran dramaturgo acaba topándose con el Ministerio del Tiempo, que no puede permitir que la historia de la literatura española cambie, con lo que no tendrá más remedio que dedicarse a la literatura, aunque sea forzosamente, y dejar de lado ese anhelo de triunfar en el teatro.

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Amelia, Alonso y Pacino viajarán así al siglo XVII, para desbaratar cualquier intento de estrenar los entremeses de Cervantes, y que de ese modo el escritor vea que el teatro no es lo suyo. Una ocasión única para ver por un lado a un Cervantes frustrado (jamás habría imaginado ver algo así en el país que le vio), y por otro a los funcionarios del tiempo, que se plantean la situación de modos completamente distintos:

Mientras Pacino se siente demasiado cómodo en el terreno policial como para acercarse siquiera a las tablas de un teatro; Alonso acaba de descubrir la obra de Cervantes y no ve justo que le quiten la ilusión de un modo tan vil, aunque sea por el mismísimo bien de la historia de la literatura.

Y finalmente tenemos a Amelia. Ella, con permiso de Cervantes y Lope, ha sido la gran protagonista de este episodio. Su evolución a lo largo de la serie, y en especial a lo largo de esta temporada, ha sido sutil y lógica al mismo tiempo. Y es que si hasta ahora la habíamos visto como la jefa gracias a su inteligencia, pero que sólo apelaba a su autoridad en decisiones de vida o muerte (y no siempre con la autoridad necesaria), en esta ocasión la hemos visto como una jefa que no se cansa de recordar a sus subordinados que ella es quien toma las decisiones.

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Por desgracia, Amelia elegirá el peor momento para sacar su do de pecho, ya que no pueden arriesgarse a perder El Quijote sólo para no causar ningún mal a Lope… su querido Lope.

Una pausa para la historia

He de admitir que me hubiera encantado ver un enfrentamiento directo entre Lope y Cervantes, y de paso se ofreciera alguna posible teoría sobre ese famoso Quijote de Avellaneda, del que a día de hoy no se sabe con certeza quién escribió. Y es que no existen uno ni dos, sino tres Quijotes: Al primero, escrito por Cervantes en 1605 (según su autor, extraídos de los papeles del autor árabe Cide Hamete Benengeli), le siguió otro escrito en 16014, justo un año antes de que se publicara la segunda parte del Quijote, y que fue la que terminó de darle el éxito a Cervantes… un año antes de que muriera en la miseria.

De hecho, fue gracias a este Quijote de Avellaneda, que Cervantes comprendió que debía publicar la segunda parte, pues su Don Quijote y Sancho tenían tanto éxito, que hasta le salían imitadores…

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Pero en esta ocasión no hemos tenido una teoría nueva, y al final sólo ha sido Amelia. La triste Amelia que siente que su marido (¿el que podría haber sido su marido?) la ha abandonado, con lo que su posición de mando es lo único que le queda, aparte de sentirse un poquito más querida al reencontrarse con un viejo amigo… que no ha cambiado un ápice por mucho que diga haberlo hecho.

Lo malo es que la decisión de Amelia de entretener a Lope para que no sirva de cebo y atrapar a los americanos, trastoca todos los planes para recuperar el manuscrito original de El Quijote. Así que sólo les queda una alternativa: Que Cervantes escriba de nuevo el libro.

Pero ¿cómo conseguir que escriba de nuevo ese mamotreto de libro cuando ni siquiera sabe si la obra va a triunfar? No hay problema: para eso tienen unas puertas del tiempo a su disposición, así que llevarán a Cervantes de turismo por Alcalá de Henares, Ciudad patrimonio Mundial e insigne hogar del más grande escritor de todos los tiempos…

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Llega así ese momento en el que Cervantes descubre su libro en todas partes, con las representaciones de sus personajes y él mismo en plazas y calles, o que incluso puede ver retazos de las versiones de películas y hasta dibujos animados que se han hecho de su “obra por ser escrita”…

¿No sería maravilloso que todos los artistas pudieran viajar al futuro para ver cómo les tratará la historia? De seguro que muchos de ellos podrían morir con un poquito más de sosiego, pensando que morir en la miseria es más llevadero porque, al menos, saben que serán recordados… ¿Y no es eso lo que persigue todo artista? ¿La fama?

Y Cervantes, aunque sea en una serie de ficción, por fin la ha disfrutado en vida.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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