El hilo invisible, el que une y destruye

El hilo invisible

El hilo invisible

2.5 Stars

Summary

En el Londres de la posguerra, el famoso modisto Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis) y su hermana Cyril (Lesley Manville) están a la cabeza de la moda británica, vistiendo a la realeza, a estrellas de cine y a toda mujer elegante de la época. Un buen día, la acomodada vida de Reynolds se trastoca al conocer a la joven Alma (Vicky Krieps)

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La octava película de Paul Thomas Anderson llega por la puerta grande a nuestras pantallas tras ser una de las inesperadas candidatas a Mejor Película en los Oscar.

La cinta cuenta con el atractivo del sello tan particular del autor de "Magnolia" o "Pozos de Ambición" y con el morbo añadido de ser posiblemente el último trabajo de Daniel Day-Lewis como actor tras anunciar éste su retirada.

Esta particular mirada al mundo de la alta costura en la Inglaterra de los años cincuenta es un relato grandilocuente y esnob que ensalza una vez más la figura del genio excéntrico, esta vez un diseñador de moda irascible, arrogante y con misofonía que vive acostumbrado a estar por encima de los que le rodean y a conseguir siempre lo que quiere y cuando lo quiere sin que le suponga un esfuerzo y por su puesto, sin llegar a valorarlo nunca.

El artista frustrado que hemos visto cien veces en biopics donde hombres iracundos tratan mal a sus parejas y a sus semejantes, que caen en las adicciones y el autodesprecio, y donde una y mil veces sus "pecados" son perdonados dada la genialidad de su obra. Siempre encuentran a una chica, a veces inocente a veces simplemente deslumbrada por su encanto, que soporta todos sus desplantes y le ayuda a salir adelante. En este caso no es así.

El punto de partida es similar al de cualquier biopic sobre genio atormentado. El Reynolds Woodcock de Daniel Day-Lewis no adapta la vida de ningún modisto en concreto, pero podría basarse en cualquiera de ellos. Metódico, ausente, abotargado, confuso, maleducado y exigente que tras vivir una crisis de inspiración y mandar a paseo a su enésima amante sale en busca de inspiración (y de lo que caiga).

Ahí es cuando encontramos a Alma (una fantástica revelación, Vicky Krieps), una sencilla camarera de café costero que conquista al diseñador tras intercambiar un par de frases y que rápidamente se convierte en su nueva musa de acogida. La llegada de la nueva inquilina no gustará a la hermana de éste Cyril Woodcock, la única mujer fija en la vida del diseñador y acostumbrada a ser la única que influya en sus decisiones. La llegada de la chica nueva tambaleará los cimientos de la vida de esa pomposa casa en la que todo estaba controlado al milímetro y poco a poco se darán cuenta de que ella no es una de esas jóvenes deslumbradas que se vaya a callar y agachar la mirada. Hay algo en ella perturbador, hay rebeldía y hay obsesión. A partir de ahí presenciamos el devenir de una pareja tóxica de manual que podría ser perfectamente la hermana de época de Christian Grey y Anastasia Steele.

Si en "50 sombras de Grey", los fans acérrimos responden a las críticas diciendo que su relación está consensuada y que todo lo que ocurre en ella es fruto de un contrato pactado, en el caso de Alma y Woodcock podría decirse lo mismo. Él aprovecha su situación de poder (económico, cultural, carismático) para encontrar a un lienzo en blanco femenino al que pulir a su manera. Si a Grey no le gusta que su chica vista de determinada manera o le insta a que vaya al médico que él quiere y coma tal y como él dice. En este caso a Woodcock no le gusta que lleve pintalabios barato, ni que exprese su opinión, ni que haga ruido al desayunar.

La diferencia entre ambas historias radica en la manera en que tienen las chicas de rebelarse ante ese dominio. No lo hacen, simplemente se aseguran la certeza de atar a ese hombre en corto (en el caso de "50 sombras" lo de atar es literal) para que sea suyo para siempre.

Unas setas juegan un papel fundamental en el devenir de la historia de Alma y Woodcock, unas setas que se convierten en el hilo invisible que una a esta pareja para siempre hasta puntos enfermizos. Un hilo invisible que aprieta y les produce placer. Un hilo invisible que les une y les duele, que les hace desafiarse y despreciarse tanto al uno al otro como a sí mismos hasta terminar sin terminar.

Desde luego pese a lo insoportable de su alter ego, Daniel Day-Lewis tiene un magnetismo que hace que no puedas dejar de mirarle. La prácticamente debutante Vicky Krieps le sostiene la mirada como nadie y está a su altura en todo momento (debería haber sido ella la nominada como actriz secundaria y no Lesley Manville ).

Una banda sonora machacona (que, increíble pero cierto, ha sido nominada también al Oscar), el exceso de metraje, la pomposidad y pedantería de sus protagonistas, un guion lleno de lugares comunes y frases de culebrón barato y sobre todo las evidentes pretensiones de Paul Thomas Anderson de aspirar a los grandes premios con ella son los que hacen de esta película algo con lo que es difícil de conectar.

La película es pretenciosa y elitista, como su protagonista. Y ambos buscan encontrar a gente que quede fascinada por su genialidad y olvide así todos sus evidentes defectos.  No he sido una de ellas.

   
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Beatriz Parra

Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.

About Beatriz Parra

Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.