De cómo Mad Men cambió mi modo de ver TV

Antes de Mad Men la televisión no era más que mero entretenimiento para mí, algo con lo que matar el tiempo libre que me quedaba entre una actividad y la siguiente en mi planeada vida diaria. Me contentaba con ver casi cualquier cosa que me entretuviera y he de reconocer que antes de que Mad Men refinase mi paladar era asidua a programas absurdos de acción reconcentrada con unos guiones nada cuidados y unos personajes que a día de hoy se me antojan mediocres, terriblemente verborreicos,  planos y totalmente prescindibles. De muchos no recuerdo ni el nombre. Y entonces, una noche, casi sin darme cuenta terminé enganchada a una serie en la que predominaban los silencios, las pausas eran larguísimas para lo que suele ser habitual en televisión y el humo y el whisky eran los invitados estrella de cada episodio con su presencia constante y significativa. Esa noche quedé hipnotizada.

Tengo que reconocerlo, la profundidad de sus personajes al principio me sobrecogía. Me impresionaba cómo podía ir desvelando trazas de esa personalidad en los actos más cotidianos y me preguntaba si entre tanto silencio habría algo que me estaba perdiendo. Para alguien acostumbrado a que la televisión tratase al espectador como si fuera un encefalograma plano, el tener la posibilidad de ahondar en el universo de Madison Avenue sin que me tratasen de tonta hizo que me enganchara sin remedio a las aventuras y desventuras de los miembros de Sterling-Cooper. Ahí había una historia que desvelar y que no venía masticada y eso, en ese momento en concreto en la historia de la televisión, es muy de agradecer. Pronto se me pasó eso de querer saber quién era Don Draper y qué se escondía detrás del humo y los fuegos de artificio que mostraba tan hábilmente cuando le tocaba vender su trabajo y me centré en ellas: las mujeres de la serie. Y es que, para mí, esta serie va de mujeres.

A Mad Men tengo que agradecerle poder ver reflejados personajes de mi sexo que no caigan en el cliché más típico y, que si lo hacen, se rebelen contra él de alguna forma. Hasta que llegaron Bettty, Joan o Peggy a mi vida, los personajes femeninos apenas llegaba a rozarme, no conseguían conectar conmigo de forma alguna y maldecía a mi propio sexo por caer irremediablemente en el cliché. En todos y cada uno de sus personajes femeninos he podido ver reflejada una parte de mi vida o de generaciones de mujeres que irremediablemente tenemos un día Betty o temporadas Peggy de lucha constante por la reivindicación de una misma.

Betty-Draper

 

Betty es el prototipo de esposa perfecta que  hace todo lo que se espera de ella. Es guapa, de aspecto frágil y siempre sabe qué hacer y qué decir para quedar bien delante del resto, sin embargo, de puertas para adentro nada tiene que ver con ese ángel que muestra fuera. Puede llegar a ser retorcida, por más que lo intenta se siente tremendamente vacía y se rebela contra ese rol que le ha tocado interpretar en una sociedad que demandaba que ella fuese la esposa y no otra cosa en más de una ocasión, como cuando a pesar de tener el matrimonio perfecto con Henry termina engañándole con un desconocido. Todas somos Betty cuando nuestras madres hace la temida pregunta de “¿Y tú cuándo piensas casarte?”

Joan-Holloway

O esa Joan de curvas impresionantes, descaro el justo para ser coqueta y con el que juega para poder conseguir lo que quiere en un mundo que pertenece a los hombres. Con su aguda inteligencia logra que no la vean sólo como la jefa de las secretarias sino que lleguen a respetarla como si fuese una más entre ellos. He de reconocer que cuando la vi aparecer por primera vez en mi pantalla, dominando completamente la escena sólo con hacer acto de presencia, yo deseé ser ella. Quería ser esa mujer que lograba que todos, mujeres y hombres, volviesen la cabeza y aún así ser respetada de la forma casi religiosa en que lo hacen con ella. Una mujer que no se resigna a ser sólo lo que es sino que aspira a llegar más lejos. Admiré desde su primer paseo en tacones por la oficina la seguridad que destilaba cada contoneo de sus caderas y deseé que llegara el día en que me sintiera tan bien conmigo misma como para caminar igual que ella, sin que me importara qué o quién lo dijese. Al igual que Betty es una víctima de su tiempo pero sabe que tiene armas que le ayudarán a conseguir su objetivo. Eso sí, dejé de querer ser ella después de ver “The Other Woman”.

Sally-Draper

Por no hablar de Sally Draper a la que hemos visto crecer y en la que yo misma he podido ver reflejada parte de mi infancia. Desde la inocencia con la que una niña venera a su padre hasta el día en el que lo ve caer irremediablemente de ese pedestal en el que todas colocamos a nuestro padre cuando aún creemos que son capaces de cualquier cosa para verle por lo que es: un hombre normal. Esa rebeldía adolescente de no querer parecernos a nuestras madres y la búsqueda de nuestra propia persona y nuestro lugar en el mundo.

Peggy-Olson

Pero si hay un personaje que me fascinó desde sus inicios es Peggy. Su personaje es la antítesis de Don Draper y no es de extrañar que haya pasado de ser su sombra a competir codo a codo en genialidad. En el episodio piloto parecía que iba a estar condenada a seguir los pasos de las de su sexo, condenada a teclear incansablemente de sol a sol detrás de una máquina de escribir, coger recados y poco más. Por eso ver como rápidamente se valió de su talento para mostrarle a Don que en su cabeza hay más que una bonita melena hizo que se convirtiera en el personaje que más recorrido podía tener dentro de la serie, con el permiso del Señor Draper, por supuesto. Verla crecer capítulo a capítulo, lidiando ella sola con los infortunios y los golpes de suerte (escasos) que le iban surgiendo ha sido una experiencia maravillosa. Su lucha por imponerse a un sexo que ninguneaba a las mujeres es, aún hoy por desgracia, la lucha de muchas de nosotras. Peggy es la única relación sincera que Don Draper tiene con nadie y eso dice mucho de ella, de su personaje y de lo que ha conseguido en todo este tiempo. Y es que, cuando aún hay quien se pregunta “¿Quién es Don Draper?” ella tiene la respuesta. Tengo días Peggy cuando lucho por conseguir mis metas a base de talento y esfuerzo, mediante el sacrificio constante de pequeñas y grandes cosas para demostrarle al mundo que valgo lo que valgo gracias a todo ese tiempo invertido en mejorarme a mí misma y me niego a que me juzguen por mi apariencia.

Sin duda, cuando la serie ponga su punto y final, se llevará consigo una parte de mi misma. A ella le debo valorar los silencios y más de una noche en vela viendo y reviendo algún que otro capítulo, emocionándome e indignándome con más de uno. Mad Men ha hecho que vuelva a interesarme por los personajes femeninos, que quiera ver más allá de sus curvas y sus caras bonitas. Ha logrado que, televisivamente hablando, respete a las de mi género. Ha conseguido que las admire y que aspire, en ocasiones, a ser ellas.

Sinceramente, poco me importa cómo termine la historia de Don Draper y eso que especulaciones hay para todos los gustos y colores, lo que realmente me importa es ver cómo termina el viaje de estas mujeres porque, de alguna forma, ha sido, es o será el mío propio.

Mad Men regresa este domingo con los últimos siete capítulos de la serie en AMC y el lunes en Canal+ Series.

   
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Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal

About Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal