Cien años de perdón

Cien años de perdón

Cien años de perdón

4 Stars

Summary

Un grupo de ladrones roba en el principal banco de Valencia. Iba a ser un trabajo sencillo pero pronto comenzarán los problemas, ya que entre las cajas fuertes está la de un hombre relacionado con las altas esferas de la política y que contiene información que jamás debe ser revelada.

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A simple vista Cien años de perdón es un ejemplo más (con una calidad de realización e interpretación asombrosa, eso sí) de la típica película de ladrones especializados en bancos que comenten el típico robo espectacular, donde la policía intentará detenerlos.

Sin embargo, aquí nada es típico. Cierto que la entrada al banco es espectacular, llevando los cuatros ladrones chalecos repletos de explosivos, y que la vía de escape que tenían preparada es cuanto menos ingeniosa… pero eso sólo será la punta del iceberg. Casi inmediatamente empezarán a encontrarse con problemas, uno detrás de otro, que convertirán el sencillo atraco de cinco minutos en una auténtica pesadilla que durará horas.

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Surge así ese juego tan común en este tipo de tramas, donde por un lado vemos los movimientos de los ladrones y por otro el de la policía que intentará detenerles. En ese juego, sobre todo si es una historia contada desde el punto de vista de los atracadores, como es el caso, lo normal es que el espectador se ponga del lado del atracador. En fin, no es que sean terrorista matando a gente y además cuentan con el importante detalle de que son argentinos, con lo que tienen esa peculiaridad de que, aunque suelten un insulto por cada dos palabras, como que tampoco dan la sensación de que van a hacer mucho daño… Sensación de que va creciendo a medida que pasan los minutos y se ve que no son malos tipos.

Si a eso le añadimos que, a medida que pasan las horas y ven que están atrapados, ello no hace que pierdan su naturalidad con escenas realmente divertidas, pues como que es muy difícil ponerse del lado de los supuesto malos.

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Especialmente cuando entra en escena ese otro "malo" que da sentido al título y que es el motivo por el que Cien años de perdón no es una película de robo de bancos al uso. Porque además del ladrón y del inspector de policía puesto al cargo, pronto surgirá otro hombre de la ley: un comisario ampliamente condecorado que resulta ser el hombre fuerte para solucionar los "problemillas" del gobierno.

Y es que los pobres ladrones han ido a elegir al peor banco para robar, ya que es justo en el que se guardan los trapos sucios del Gobierno. Surgirá así un juego a tres bandas (a cuatro si contamos con el propio Gobierno, encarnado en la figura del jefe del gabinete), donde cada uno mirará por sus propios intereses.

Será este juego a distintos niveles lo que permite que la historia, sin que haya demasiada acción (me refiero a la acción a base de tiros, propias de estas películas) se desarrolle con un ritmo constante y donde la tensión no decae ni un segundo...

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Y si encima contamos con la ayuda de una gran interpretación por parte de los implicados y donde no chirría tanto que estén todos con caras serias (estamos hablando de un tema MUY serio, a fin de cuentas), tenemos una película de lo más recomendable: Por el lado de los ladrones "Luis Tosar como "el Gallego", el único ladrón no argentino; Rodrigo de la Serna como "el Uruguayo", que lleva la batuta entre el equipo de ladrones y por último Joaquín Furriel como "el Loco", que regala momentazos llenos de humor cuando ya hay demasiada tensión en el ambiente... aunque también contribuye a complicar un poquito más las cosas.

Y por parte de los supuestos buenos, Luis Callejo como el inspector de policía Domingo, asignado inicialmente al caso y que pronto verá que es un don nadie al lado de los peces gordos; Raúl Arévalo como Ferrán, el jefe del gabinete, y José Coronado como el Coronel Mellido, que es quien tomará las últimas decisiones, da igual cuáles sean las consecuencias.

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Entre tanto hombre es curioso que el personaje que menos me ha atraído sea el de Sandra, la directora del banco, interpretado por Patricia Vico. No es que ella lo haga mal, ni mucho menos, pues ya cuenta con una larga trayectoria donde demuestra que no hay papel que le venga grande. Pero lo que no termina de convencerme es que una persona normal y corriente (es decir, que no es ni ladrón ni policía, con lo que no está muy acostumbrada a estar en medio de un atraco), se muestre tan partidaria (y tan rápidamente) de crear una alianza con los ladrones; por mucho que quiera tocar las narices a sus jefes del banco, que acaban de despedirla.

Supongo que nunca hay que subestimar a un trabajador que lo ha perdido todo. Y aunque es cierto que este personaje es sencial para que la historia se desarrolle, pues gracias a ella los ladrones contarán con información nueva sobre lo que realmente hay en el banco... no deja de ser un personaje "incómodo" en tanto que hace que te plantees hasta qué punto pueden llegar las ansias de venganza o la pura avaricia... Amén de que resulta muy curioso ver en la gran pantalla lo que no deja de ser el pan de cada día de la política española actual.

¿Que en la película está todo un poco más exagerado? Eso lo dejo a la opinión de cada uno.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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