Borgen: La serie que debería estar haciéndose en España

Borgen. Os suena esa palabra ¿verdad?, seguro que habéis escuchado hacer referencia a esta serie sea de mano de algún político o periodista comparando la situación que vivió nuestro país durante todo 2016 con los hechos que acontecen en esta ficción.

Borgen es la serie danesa de más éxito internacional. Cuenta la historia de cómo la humilde política del partido moderado Birgitte Nyborg  termina convirtiéndose en la primera mujer en presidir el Gobierno de Dinamarca.

Y lo que resulta más interesante: la serie nos muestra el proceso de formación de un gobierno en coalición. ¿Sabíais que Dinamarca no ha obtenido un gobierno en mayoría desde 1909? Pensaba que nos llevaban 7 años de ventaja (la serie fue creada en 2010), pero resulta que nos llevan más de cien. Deberían emitir esta serie en “Política 101” (en caso de que exista esa asignatura) porque la serie relata con  la manera de gestionar un gobierno, mostrando los entresijos políticos. Los intereses, las coaliciones y el cómo anteponer el bien común al del propio partido. De acuerdo, esto último sabemos que es fruto de la ficción, pero es que en el fondo, todos somos un poco idealistas y nos gusta ver escenarios donde el mundo es un poco mejor. Donde una mujer, una MUJER de verdad, con sus michelines, que habla sin tapujos y sabe jugar al póker político como nadie puede dirigir un país siendo conservadora y haciéndonos creer que es la más moderna de todas.

Birgitte Nyborg es sabia y carismática, conservadora pero solidaria y moderna, perfecta vela en el medio para capear al temporal y ganárselos a todos convirtiéndose en Primera Ministra. Interpretada con soltura por la actriz danesa Sidse Babett Knudsen que ha sabido aprovechar a la perfección su paso por la serie y ahora la vemos pasearse por superproducciones como "Inferno" con Tom Hanks o tener un personaje importante en superéxito de la HBO: "Westworld".

El éxito de la serie ha alcanzado hasta nuestro país, donde hasta nuestros políticos han caído rendidos a sus pies. Desde Carmena a Cifuentes, pasando por Esperanza Aguirre y cómo no: Albert Rivera, que debe tener el poster de Birgitte en su habitación al que rezará todos los días. Bueno, ahora quizá tiene colgado el de Macron, pero ese es otro tema.

En cualquier caso, me gustaría recomendar esta serie a toda persona interesada en la política. La política política, la de verdad. No el politiqueo. No los debates estridentes con tertulianos con opiniones enfrentadas y gritándose, no las noticias sobre el último caso de corrupción o la última inauguración de una carretera, no. La política de verdad, la formación de gobierno, el poder de las leyes para cambiar un país, la importancia de votar e implicarse políticamente, los valores, la lealtad, la economía. Quien esté realmente interesado por todas estas cosas disfrutará mucho con Borgen, porque muestra con sencillez la manera en que deberían ser las cosas.

Pero vayamos por partes:

Primera temporada: Rompiendo el techo de cristal

Borgen fue creada por el Sorkin nórdico llamado Adam Price. Pronto se comparó a la serie con “El ala oeste de la Casa Blanca” o cualquiera sus otras series, sin embargo, el trato que se realiza aquí de los entresijos políticos, la relación con la prensa y las complejidades de la vida profesional y personal de una mujer poderosa la sitúan mucho más cerca de la fantástica “The Good Wife”, donde una mujer debe hacerse cargo de una situación para la que no está preparada y luchar por su carrera profesional sin que afecte lo menos posible a su familia.

Además que Sorkin es un idealista y en Dinamarca hace demasiado frío para ponerse sentimentales.

El capítulo piloto es una explosión de acontecimientos que nos estallan en la cara y que resultan algo abrumadores. Una muerte, un amante inapropiado, un resultado sorpresa en las elecciones, un discurso brillante, y lo más sorprendente: ver como un caso de gasto personal con dinero público se convierte en un escándalo y le cuesta las elecciones al Primer Ministro. ¿Os imagináis que sucede eso en España?

La primera temporada es una lección de estrategia política, una partida de ajedrez donde se debe alcanzar un acuerdo para llegar a un bien común y donde se debe saber negociar y plantar cara a los políticos rancios que no saben tomarse en serio a una mujer profesionalmente porque nunca han tenido que hacerlo.

A modo de procedimental, los capítulos que siguen son de carácter autoconclusivo donde se tratan los temas políticos y personales poco a poco hasta que llegamos a un final donde miramos atrás y vemos cómo han cambiado las cosas. Sin destripar nada, es revelador el momento en que una llamada de teléfono resquebraja toda la vida de Birgitte y ella toma de manera fría la decisión que mejor le convendrá políticamente. La Birgitte del primer episodio y el vestido morado no lo hubiera hecho. ¿El poder corrompe o hace más fuerte? ¿Resulta más chocante su comportamiento al tratarse de una mujer o es más reivindicable precisamente por ello?

Segunda temporada: Conciliación.

El año pasado la diputada Carolina Bescanasa llevó a su bebé al hemiciclo para poner sobre la mesa el tema de la conciliación. Una estrategia publicitaria redonda que tuvo a todo nuestro país hablando sobre ese tema durante unos días y que pese a que no resolvió nada, puso el dedo en la llaga de un tema tan importante.

En la segunda temporada de la serie, Birgitte debe hacer frente a una nueva situación. Porque hasta una pareja aparentemente perfecta y moderna, donde te repartes las tareas al cincuenta por ciento y tu marido se queda en casa cuidando de los niños mientras tú eres la heroína puede desmoronarse. Porque hay algo detrás que no está bien. Porque sigue chocando esa imagen. Porque las mujeres seguimos llevando una mochila invisible que pesa en los momentos más inesperados.

El momento más brillante de la temporada, y posiblemente uno de los mejores de la serie es el que abarca la decisión política que toma Birgitte por su familia. En cuanto una señal de peligro en forma de problema de salud ataca lo que más quieres, ella debe tomar partido y elegir uno de los ámbitos de su vida, y desde luego es su familia.

Una decisión admirable que sería impensable en nuestro país (primero porque aquí nunca ha gobernado una mujer, y estamos lejos de que lo haga ya que no ha habido ni siquiera una candidata a la presidencia) y casi en cualquiera, porque es una decisión que nunca tomaría un hombre. Porque es una decisión que un hombre nunca debería tomar.

A raíz de ello surgen las críticas más rancias y tristemente previsibles incluso para un país tan avanzado como Dinamarca. Críticas que ponen sobre la mesa ese tema que creemos que se soluciona con poner guarderías: la conciliación.

Porque por ello llegan a cuestionarse si una mujer puede ejercer la presidencia. Porque por ese asunto dos mujeres cómplices pronuncian con vergüenza la frase de que con la vida personal no les basta, que lo que les hace realizarse como personas es su trabajo.

Tercera temporada: Sororidad

La palabra sororidad se deriva de la hermandad entre mujeres, el percibirse como iguales que deben aliarse, sobre todo unidas ante haber sufrido de un modo u otro la opresión.

Hemos monopolizado el artículo hablando de Birgitte Nyborg. Pero hay otra mujer igual o más interesante que ella, la joven e intrépida periodista Katrine Fonsmark  (Birgitte Hjort Sorensen, versátil actriz que ha conquistado de Hollywood en "Pitch Perfect 2" a la otra parte de El Muro de "Juego de Tronos"), azote de los políticos y cara más popular de la televisión pública danesa. La montaña rusa que vive su personaje tanto a nivel profesional como personal la convierten en alguien fuerte y decidida que decide dar un cambio de rumbo a su vida cuando aparentemente lo tenía todo decidido.

Es el momento de que estas dos grandes mujeres unan sus fuerzas. Por una serie de motivos que no voy a desvelar, un nuevo camino se abre ante Birgitte, que ya no es Primera Ministra pero que echa de menos la política y cuya preocupación política y principios están por encima de cualquier partido. Posiblemente el primer capítulo de esta temporada sea uno de los mejores de la serie. Es prácticamente una temporada en sí misma, un salto en el tiempo, un cambio de aires e incluso de cabecera. Es más fresca y luminosa y a la vez más idealista, con la tercera temporada la serie se desempolva de los grandes dramas que ha dejado atrás (no hemos querido ni empezar a hablar de lo que ocurre con Kasper) para centrarse en la ilusión de un nuevo proyecto. Todo un ejemplo de emprendimiento e idealismo que en la vida real muchos definirían como traición y cambio de chaqueta. Pero no hay que desvelar detalles, echadle un vistazo.

El final

Si hay algo que determina el sabor global que deja una serie es su final. Más que si cierra sus tramas con mayor o menor acierto, la clave está en que ese final llegue en el momento adecuado. Y lo mejor que se puede decir de Borgen es que así es. En tres temporadas da tiempo de sobra a tratar temas como la retirada de tropas (o no) de Irak, la crisis de los refugiados, la intervención en países africanos por la paz, la mujer en el poder, el cáncer, la victoria y la derrota, los abusos, el aborto, la ansiedad y la libertad de prensa.

Cada tema tratado es tratado individualmente con acertada profesionalidad. Muy nórdico, sin florituras ni sentimentalismos. Como resulta siendo el final de la serie. Abrupto, correcto y cerrado. Todo bien, todo justo y medido. Ni una risa, ni una lágrima. Ni frío ni calor. En el centro, como viene siendo toda la serie.

Balance

La serie que deberíamos estar afanándonos en copiar. Es curioso como un país tan políticamente implicado como el nuestro no se ha atrevido a hacer una serie así. Se dijo hace un par de años que se habían comprado los derechos de “The Government” (así es como se va a exportar), pero por ahora no se sabe nada, sería una excelente noticia que una cadena (por desgracia, idealmente de pago) se atreviera a mostrar sin tapujos los entresijos de una trama política en España. Dando palos a todos los lados e intentando unir a una audiencia que sepa ver en tecnicolor y no en bandos. Y además hacer autocrítica y reírnos de nosotros mismos. El único caso de serie valiente que supo mostrar las vergüenzas de la corrupción en nuestro país y explicar como ninguna la burbuja inmobiliaria fue "Crematorio", una serie de prestigio pero con menos repercusión de la que debería ya que duró una sola temporada. Es un primer paso, sigamos así.

Dinamarca nos lleva años de ventaja. La serie se estrenó en 2010 y se emitió durante los tres años siguientes. El destino o la coincidencia llevaron a que el país nombrara Primera Ministra a una mujer por primera vez mientras se emitía la serie y que ésta también gobernara en minoría y con pactos.

En cualquier caso es una serie de calidad que se ve con agrado y donde se tratan muy hábilmente los temas sin enfadar a nadie. Con una protagonista carismática que evoluciona de una manera mágica hasta convertirse la mujer que siempre quiso ser, o la que era realmente. Con amores pero sin trama romántica, con dramas pero sin lágrimas, con rigor pero sin aburrir. Una serie interesante y más accesible de lo que parece, donde nos identificaremos más rápido con los nórdicos y su sistema político que con el americano que hemos visto tantas veces en televisión. Hay que perder el miedo a descubrir las series que nuestro continente tiene que ofrecer. Acercaos a ellas.

The following two tabs change content below.

Beatriz Parra

Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.

Latest posts by Beatriz Parra (see all)

About Beatriz Parra

Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.