Billy Lynn: cuando la ficción supera la realidad

Billy Lynn

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5 Stars

Summary

Billy Lynn, un joven soldado de 19 años cuyos actos heroicos en Irak ha visto todo el mundo, regresa por 24 horas a Estados Unidos junto a su batallón, los Bravos, para recibir honores durante los festejos del día de Acción de Gracias. Al llegar a su hogar, pronto descubre que la guerra que ellos están viviendo no es la que el resto del mundo ve.

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Adentrarse en una nueva película de Ang Lee siempre resulta mágico y traumático al mismo tiempo. Mágico porque es capaz de mostrar una nueva perspectiva nunca antes planteada, incluso de historias narradas hasta la saciedad y de múltiples maneras distintas como ocurre en este caso con una película sobre la guerra de Irak; y traumático porque esa nueva perspectiva consigue que uno se replantee cómo es el mundo en el que creía estar viviendo. Y generalmente lo que sale de ese nuevo planteamiento no es precisamente halagador.

El caso de Billy Lynn es el ejemplo perfecto. Un drama sobre la guerra y la vida de los soldados que no vuelven a ser los mismos tras su paso por el desierto de Irak; pero donde no ha sido necesario introducir apenas disparos ni esas escenas tan cruentas y exageradamente dramáticas a las que nos tienen acostumbrados las grandes superproducciones para mostrar los horrores de la guerra.

Porque en este caso el drama que se plantea no es el del soldado que lucha por sobrevivir en terreno hostil y ve cómo sus compañeros mueren acribillados por el enemigo; sino el drama de ese soldado que regresa a su casa, ni más ni menos que como un héroe… sólo para descubrir que la guerra que él está viviendo no se parece en nada a la imagen que tienen los demás de esa misma guerra.

"Yo he estado en Irak pero esa ya no es mi guerra sino la suya. Es su película".

Esta es la frase que en un momento dirá Billy Lynn, el protagonista de la historia, y que define a la perfección la idea que se plantea: la de una sociedad norteamericana que disfruta rindiendo homenajes a sus soldados y se llena la boca de buenas palabras hacia los soldados caídos por la patria o de rezos hacia soldados que nunca conocerán, y que es feliz aceptando que existe una guerra que ya forma parte de su sociedad. Tanto, que realmente no interesa saber cómo es de verdad esa guerra, de boca de sus protagonistas, porque les vale la imagen que creen tener de esa guerra.

Pero, ¿qué ocurre con ese soldado? El que conoce cómo es de verdad estar en terreno enemigo; el que sabe que su sangre fría es lo que va a impedir que un compañero muera; y el que ya no es capaz de volver a Estados Unidos y sentir que esa es su casa, pues una vez en el frente el desierto se ha convertido en su verdadero hogar.

Pero no nos confundamos. Esta película no es ni mucho menos una oda a la guerra y a ese soldado que da la vida por su patria. Su idea no es la de animar a los chicos jóvenes, como su protagonista, de tan sólo 19 años, para que corran a alistarse y sientan que están haciendo algo bueno por su país… Nada más lejos de la verdad.

Pero a diferencia de otras cintas donde se plantea el punto de vista de un soldado que está dispuesto a morir por su país, o el caso contrario de un soldado que sólo quiere volver a casa pero las circunstancias le han llevado a luchar en una guerra en la que no cree, aquí la idea es otra... Cómo han llegado esos soladados a ese punto de sus vidas es otra historia que puede contarse en otra ocasión. En Billy Lynn la idea es la de mostrar a unos soldados y además héroes que observan atónitos cómo, a su regreso a los Estados Unidos, han pasado de ser hombres que luchan por sobrevivir para convertirse en meros figurantes del gran espectáculo que es la guerra vista por los que jamás pondrán un pie en el desierto.

Y es esa frivolidad mostrada por los ajenos a la guerra, especialmente si procede del mundo más frívolo de todos, el de Hollywood, el que confiere el mayor dramatísmo a la película. Sobre todo cuando lo que el americano medio dice que es la guerra se entrecruza con flashbacks que cuentan lo que realmente ocurrió. Y en ese cruce de historias no es necesario mostrar a soldados siendo torturados o presenciando una carniceria que es suficiente para volverles locos... Nada de eso. Basta con poner a unos ricachones interesados en hacer una película sobre los últimos héroes de la guerra y oírles hablar sobre lo que para ellos es la guerra: un espectáculo; y el dramatismo cae por su propio peso, sin necesidad de que se dispare una sola bala.

Eso es lo que se van a encontrar los soldados en su regreso a casa para recibir honores, ni más ni menos que en uno de los días más patrióticos del año, el día de Acción de Gracias, y además en el estadio de Dallas donde está teniendo lugar el partido de la Liga de Futbol Americana más seguido de todo el año, sólo por detrás de la SuperBowl.

Resulta sorprendente la capacidad que tiene Ang Lee para, en una película sobre unos soldados que acaban de regresar de Irak y que además han perdido a uno de sus hombres, el momento en el que finalmente se muestra cómo murió su compañero (se irá narrando poco a poco, a base de flashbacks intercalados con el resto de la trama) no sea el más dramático de todo el film; pues ese tiene lugar cuando los soldados participan en el espectáculo que en teoría se ha creado para ellos, pero donde ellos han sido los últimos a los que les ha preguntado qué querían hacer.

¿Por qué? Porque ya no están en la guerra de verdad y allí, en la guerra de Hollywood, son simples marionetas.

La cuidada selección de los planos y enfoques de cámara, a base de primerísimos planos con el interlocutor de Billy Lynn, va a jugar un papel destacado en esa capacidad de poner al espectador en la piel de un soldado que se va a sentir fuera de sí mismo cuando no está haciendo la guerra. Pero no para que entienda y acepte que ir a Irak es lo correcto (esta película no va de eso), sino para que el espectador se sienta tan fuera de lugar como le está ocurriendo a Billy.

Algo que también se consigue gracias a las personas con las que se va cruzando Billy a lo largo de las 24 horas que durará su permiso antes de volver a Irak. Entre ellas destacará su hermana Kathryn (Kristen Stewart), quien tratará de convencerle para que vaya a un psiquiatra y consiga el diagnóstico de estrés postraumático y así no tenga que volver a la guerra; y una animadora que conoce en el estadio de los Dallas y con la que parece conectar inmediatamente, sólo para al final comprender que ella, como el resto de norteamericanos que les veneran como héroes, en realidad no está enamorada de él sino de la imagen que tiene preconcevida de él.

En definitiva, estamos ante una nueva visión de la guerra que hasta ahora nadie se había atrevido a plasmar y que Ang Lee ha conseguido hacerlo con un resultado sobresaliente. Porque hasta ahora se ha podido hacer autocrítica y aceptar que la guerra es mala, que sólo sirve para enriquecer a unos pocos, o que los soldados van a morir por algo en lo que no creen porque no tienen otra elección. Pero aceptar que los que se quedan en casa viendo la guerra por televisión también forman parte de esa farsa... Eso ya cuesta más.

Billy Lynn llegará a los cines el próximo 27 de enero.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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