Ático sin ascensor

Ático sin ascensor

Ático sin ascensor

4 Stars

Summary

Ruth y Alex llevan más de 40 años viviendo en un ático sin ascensor situado en Brookling. Un hogar donde han vivido miles de experiencias a lo largo de los años, y que finalmente deciden poner a la venta, al costarles cada vez más subir los escalones

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Morgan Freeman y Diane Keaton nos invitan a esta deliciosa película llamada Ático sin ascensor ("5 Flights Up" es el título original) que realmente no es un drama pero tampoco una comedia. Es tan solo la vida siguiendo su curso, en esta ocasión dentro del día a día de un matrimonio que decide vender el ático sin ascensor de Brookling en el que han vivido los últimos 40 años.

Para contar esta historia, tan sencilla en apariencia y forma, en realidad se usan todos los recursos posibles para convertirla en un film ameno y que se pasa volando: Desde los monólogos interiores de Morgan Freeman, Alex, y que son los más divertidos de todos; hasta situaciones realmente hilarantes con los posibles vendedores que van a visitar el ático durante la jornada de puertas abiertas. Pero junto a estas situaciones divertidas como pocas, al igual que ocurre en la vida misma, también hay momentos dramáticos.

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Son los que llegan cuando la perrita que tienen desde hace 10 años se pone enferma y no saben lo que le pasa, lo que además es un recordatorio constante del paso del tiempo y el hecho de que ya no son precisamente jóvenes. O por ejemplo cuando Alex, que lleva siendo pintor desde hace 35 años, no recibe el apoyo de sus propios amigos (o los que creía que eran sus amigos), porque sus cuadros ya no venden tanto como antes. O cuando recuerdan por medio de flashbacks los problemas que han tenido que afrontar a lo largo de su vida.

Porque la pareja protagonista está formada por Alex, un hombre negro y Ruth, una mujer blanca, interpretada por Diane Keaton. Y está claro que esa situación, más tratándose de una pareja que lleva junta casi medio siglo y que cuando se conocieron no era una época tan tolerante como lo es hoy en día; por mucho que ahora se les vea alegres y felices, en el pasado este hecho debió interferir en sus vidas y afectar a las relaciones con el resto de la familia.

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Pero lo curioso es que ese problema, y que es el que esperas que se presente desde el principio, no deja de ser uno más dentro de la vida de Alex y Ruth, y por tanto se va a mostrar exactamente con la misma importancia que el resto.

Nos encontramos así con una historia donde todo lo que ocurre, y que son bastantes cosas, se presenta del mismo modo: en base a pequeñas secuencias entremezcladas, destacando la historia de un chico musulmán al que la policía persigue porque cree que ha puesto una bomba en el puente de Brookling que hay cerca de donde viven; y que te recuerdan que, por muchos problemas que creas tener, los hay mucho peores. Y en el caso de que se trate de problemas graves, al final serán problemas que en un momento dado terminarán, porque mañana será otro día.

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De este modo, Ático sin ascensor no es más que una historia corriente dentro del millón de historias que suceden cada día en el mundo, y que Morgan Freeman y Diane Keaton retratan con una familiaridad asombrosa, con lo que es normal que te sientas identificado con ellos y todo lo que les pasa (lo bueno y lo malo) desde el primer segundo. Algo que va a ocurrir incluso si se es una persona joven que no tendría por qué identificarse con protagonistas ancianos, pero que al final lo hace por un simple motivo: el tiempo pasa para todos y al final todos envejecemos.

Y finalmente la historia de Alex y Ruth es una historia que, cuando termina, te deja con un sentimiento agridulce: Porque podrías pasarte horas viendo sus peripecias a la hora de vender el apartamento y tener que lidiar con posibles vendedores extraños y agentes inmobiliarios aún más extraños (Carrie Preston)... Pero en un momento dado esa película tiene que terminar y pasar a otra cosa. No otra cosa más importante y más crucial, sino simplemente algo más en otro día más. El hecho de que haya transcurra en un ático sin ascensor y en una semana en la vida de Ruth y Alex, es realmente lo de menos.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

About Barbara Cruz

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