Ana Polvorosa: “Lo que me gusta de mi trabajo es que no hay límites”

Pieles ha sido una de las cintas que más ampollas ha levantado en las últimas semanas debido a su característica estética, repleta de tonos rosa y violeta pastel, y sobre todo, la caracterización de sus personajes. Hace unos días tuvimos la oportunidad de hablar con el director de la película, Eduardo Casanova, y con varios miembros del reparto. ¿Quieres conocer un poco más del film que ha causado tanta controversia? Continúa leyendo.

SERIES ON DAY: Interpretáis personajes cuyo verdadero horror se profesa en el sufrimiento y dolor internos y no tanto en la fachada física. ¿Cómo os preparáis para que el público no caiga en centrarse en la primera imagen?

CARMEN MACHI: Bueno, los personajes no se preparan de una manera tan racional. Creo que cuando estás con una película con un lenguaje cinematográfico en el que para ti el que sabe es el director, él sabe más que nadie de esto. Lo que tienes que hacer es dejarte llevar por la escucha. Escucharle a él, que te diga lo que quiere y por qué lo quiere. Porque las necesidades del director al contar esta película no son las necesidades nuestras.

Hablo de necesidad, ya no de objetivo. La necesidad que él tiene de contar esta historia, esta manera, te la tiene que transmitir él y el entusiasmo que transmite Eduardo, la fragilidad, la contundencia, es lo que te alimenta.

ELOI COSTA: Nosotros al fin y al cabo somos como un puente entre el director y su mensaje. Entonces, todo viene de Eduardo, de todo el mensaje que quiere tener y nuestros personajes somos él pero hecho desde nosotros.

ITZIAR CASTRO: Lo bueno que tienen los guiones de Edu y hablar con él cuanto te cuenta todo es que te explica hasta como piensa, como siente, como respira el personaje. Te lleva ya hasta un punto que lo entiendes tanto que casi lo interiorizas. Está muy bien escrito, entonces solo contando el texto te lleva ahí.

Te preparas también con muchos ensayos, que nos pusieron en el límite. Conmigo estaba muy obsesionado en “no muevas nada el ceño, no frunzas las cejas, es todo más interno”. Con Macarena “Todo de manos, no tienes ojos”. Con cada uno nos estuvo llevando al límite. Te preparas dejándote ir, en sus manos. Esa ha sido la preparación y el miedo, porque a veces es como “¿dónde estoy?, ¿qué hago aquí?, ¿voy a llegar?, qué inseguridad…” pero confiando.

ANA POLVOROSA: Al final Edu tiene un trabajo tan minucioso con cada personaje… de hecho tiene un storyboard en el que tiene la película —lo hizo obviamente previamente a ella— y es exactamente igual a la película. Cada plano, cada momento, es igual a cuando lo rodó. Con eso te lo digo todo. Sabe perfectamente como quiere absolutamente todo, conoce los personajes, cada detalle, cada respiración…

Yo en mi caso con la prótesis era muy importante una expresión corporal y una expresión de ojos, porque la prótesis me tapaba prácticamente toda la cara y no podía hablar. No podía transmitirme hablando. No solo en el rodaje con el equipo, que no me hacía caso nadie, sino en el personaje, hablando con su padre, con la gente con la que se cruza en su camino.

Al final era un curro de mucha expresión de ojos y mucha expresión postural del personaje. Era muy complicado, algo como muy sutil porque todo se veía muchísimo, incluso en los planos cortos. Edu tenía el control absolutamente de esto y la verdad es que el trabajo que hace es increíble, porque lo consigue al 100%, no solo en mi caso, sino en el caso del resto de los personajes.

CANDELA PEÑA: No te preparas de una manera especial. De hecho, Secun y yo tenemos una escena que a mí, en un momento dado, se me saltaron las lágrimas y da igual, porque como tengo prótesis las lágrimas iban por dentro de la prótesis, ni tan siquiera salen y se ven.

SECUN DE LA ROSA: El cine es muy injusto porque además ella estaba llorando pero como tenía la prótesis no se veía, y a mí Eduardo me quería hacer llorar y yo sentía que me emocionaba de verdad, pero no me caían los lagrimones y él me tenía que poner las lágrimas.

S.O.D.: ¿Qué ha sido lo más difícil a la hora de meteros en la piel de vuestro personaje?

C.M.: Todos son personajes que vomitan —en el mío literalmente— un dolor… En el caso concretamente de los nuestros. Eduardo dirige muy bien actores. Tú lo llevabas (el personaje) a algún sitio y te decía “Justo eso no”.

E.C.: Eso es genial, porque vas descubriendo y te vas a cercando más.

C.M.: Te hace casi lo contrario por donde tú lo llevarías, porque Eduardo salva a todos los personajes. No critica a los personajes, no los juzga. Y como no los juzga, el personaje de esta mujer, la madre que yo interpreto... Yo la juzgaba cuando estaba actuando, y me equivocaba radicalmente. Él no la juzga, él la entiende. Y justifica su dolor, sus rechazos hacia su hijo, la agresividad con la que se muestra la justifica porque es una persona que sufre. Es tan inteligente (Eduardo) que tú no ves el camino correcto que hubieras llevado como actor.

E.C.: Es una de las dificultades yo creo. La trampa es que tú puedes tener un punto de vista del personaje. En tu caso, lo que tú dices. Como tiene ese trato con el hijo y siendo ella la adulta dices “es que es una cabrona”, pero luego tiene sus emociones, su pasión.

En el caso de mi personaje yo lo podría pensar desde un lado víctima, soy víctima de mi madre o de la sociedad, pero luego también ha de tener mucha fuerza y valentía para querer afrontar todo eso. Y no estar en esa posición de víctima, sino salir de la víctima y querer ser un poco héroe. “Yo soy este personaje, con mi vida y lo que voy a hacer es salvarme a mí mismo” y eso es lo que ha hecho Eduardo con todos.

C.M.: El personaje de Eloi quiere tomar su propia decisión. Sea la que sea, pero es su decisión. “Déjame tomar mi decisión”.

E.C.: Es una decisión muy heavy. Para hacer eso no hay que ser víctima. Hay una búsqueda de la salvación.

S.O.D.: A veces los efectos visuales y las prótesis pueden incomodar en la grabación de una película. ¿Habéis tenido algún problema con ellas en el rodaje?

C.P.: Nosotros hacemos nuestro trabajo como actor, pero el señor que pone las prótesis, en este caso Óscar, también está muy preocupado porque eso esté bien siempre, no se vean los cortes…y se rodó en verano, en muchísimo calor, en julio, seis horas de maquillaje —que a lo mejor no estaba perfecto todo el rato—, había que hacer pausas… Luego el agobio y el cansancio nuestro por el calor, muchas horas de trabajo, de poner, de quitar…

Hubo un día que nosotros dos era tan agobiante que me acuerdo que Jon dijo “como yo me tenga que ir otra vez y volver en tres horas, prefiero seguir de corrido”. Y seguimos de corrido rodando y no sé si fueron veinte horas para no quitarnos las prótesis y volverlas a poner.

S.D.L.R: Es mucha angustia. Te ponen una prótesis, pero puede ser otra cosa. El cine es como si te dejan el barco un día para rodar y al día siguiente no está. Hay que hacer todas las secuencias del barco.

A.P.: Yo en mi caso, mi prótesis me imposibilitaba un poco el tema de comer. Todo lo que podía comer eran líquidos. Solo una vez me rebelé y dije “Por Dios, quitármela un poco que necesito masticar” porque era una sensación muy extraña la de estar 12 horas a base de líquidos —batidos, cremas, sopas—. Era un poco horrible.

Me venía bien en el sentido de que el personaje estaba muy desfallecido durante casi toda la película y yo realmente lo estaba también, con lo cual la energía que a mí me daba el no alimentarme de una manera con alimentos sólidos, me creaba una energía que me venía guay, pero fue duro.

Por otra parte, mi prótesis pesaba mucho, tenía gran cantidad de silicona y me creaba un peso en la cara. También rodamos en verano y las pieles al final sudan, y me dio un poco de sarpullido, me hizo un poco de reacción, pero son gajes del oficio. Lo volvería a hacer.

I.C.: En mi caso vengo de serie, pero también tuve mis cosas. Sobre todo con espacios, calor,... pero quiero reivindicar a Macarena, porque ella se pasó todo el rodaje sin ver al equipo, no veía a nadie. En todos los rodajes, parones, ella no veía nada. Es realmente difícil, no solo cuando actúas sino todas las horas de espera con esas prótesis es duro, pero muy satisfactorio al final.

A.P.: Yo creo que cada uno de los que hemos participado en la película volveríamos a repetir, sin lugar a dudas. Para mí ha sido una experiencia única y la volvería a hacer. Como actriz es esa parte de creatividad, de hacer algo distinto, que me aporta Edu. Precisamente lo que me gusta de mi trabajo es el que no haya límites, poder hacer hasta donde la imaginación llegue.

JON KORTAJARENA: La suerte es que trabajábamos en un proyecto en que las circunstancias eran muy diferentes, pero también trabajábamos con gente que era muy flexible y que estaba viendo a quién tenía delante para ver cómo podía hacerlo más fácil. Es verdad que había unas dificultades añadidas en este proyecto, pero también es verdad que había unas facilidades que se agradecen mucho.

E.C.: Yo en mi caso… A ver, en el plano de sirena tuve que estar de pie como siete horas en el mismo sitio, con el maquillaje y con todo. La dificultad básicamente fue que, después de todo ese proceso, te tienes que poner a actuar, a hacer lo que te toca como actor y no ser un palo. Esa fue mi dificultad porque te cansas, tienes ganas de ir al baño. Estás ahí, con toda la gente, montándolo todo y aguantando… después de todo eso te tienes que concentrar.

Pero, aun así, el equipo de Pieles era tan maravilloso, te cuida tan bien y todo el mundo está por ti que, a pesar de la dificultad, estás muy bien cuidado y muy bien tratado. Entonces, el equipo y todo se suavizan las dificultades.

S.O.D.: ¿Cómo os habéis sentido al estar con Eduardo Casanova durante su primer largometraje?

S.D.L.R: Eduardo, dentro de lo que le queremos, es la persona más concienzuda que he visto jamás. Yo hago concesiones en la vida continuamente. Eduardo no. Es su película, su película, y lo que quiere, lo que quiere y cómo lo quiere… Y luego aparte tiene ese punto de creativo, de genio que, aunque lo tenga todo atado, si en el último momento se le ocurre que la madre tiene que fumar… lo tiene todo atado, pero ha de mostrar a la madre a punto de morir encendiéndose un cigarro.

A.P.: No parece novel. Lo tiene todo muy claro, a todos los niveles: técnicamente, a nivel actoral. Trabaja desde unos lados y tocándote y haciendo clics en el cuadro emocional muy fuerte. Yo aluciné bastante con la peli.

Hay una escena en concreto que es la del unicornio, cuando me pone el unicornio mi padre, que se vino al set y —el plano era mega corto— estuvo al lado de la cámara y me iba hablando. Era muy fuerte porque me estaba llegando y me estaba tocando un punto que me estaba haciendo sentir muchísimo. Y, de repente, cuando terminamos, yo fui muy consciente de que Edu era un gran director en todos los sentidos, también a nivel de tocar emociones, el explorar con el personaje. Pocas veces me han dirigido así.

I.C.: Sin duda alguna, yo creo que Eduardo Casanova es DIRECTOR, con mayúsculas. No se nota que sea novel, para nada. De hecho, creo que todos podríamos decir que nos ha dirigido muchísimo mejor que muchos directores que llevan muchos años. Es realmente un gran director.

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Maria Reinoso

Sobrenatural me arrastró a un infierno lleno de period dramas, comedias, acción y terror. Intenté evadirme de aquel agujero negro, pero que me di cuenta de que ese infierno era mi cielo y antes de su llegada me encontraba en el purgatorio.

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