1898: Los últimos de Filipinas

1898: Los últimos de Filipinas

1898: Los últimos de Filipinas

4.5 Stars

Summary

El 30 de junio de 1898 el destacamento de soldados que había sido enviado a la isla de Baler, en Filipinas, tuvieron que refugiarse en una pequeña iglesia cuando los rebeldes filipinos les atacaron. Comenzó así el conocido como Sitio de Baler, que duró 337 días, y donde Los últimos de Filipinas pasaron de ser considerados héroes a ser abandonados por la misma corona a la que habían servido.

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Cuando nos encontramos ante una historia real, repleta de hechos sorprendentes e incluso inverosímiles y en la que se dan unas circunstancias que permiten mostrar tanto las desigualdades sociales de una época como el sueño perdido de un Imperio que pasó de ser el mayor del mundo, ese donde no se ponía el sol, a un recuerdo del ayer… es muy difícil que Los últimos de Filipinas no se convierta en un éxito de principio a fin.

Si a eso le añadimos un reparto que impresiona, con Luis Tosar a la cabeza seguido de Javier Gutiérrez, Carlos Hipólito, Eduard Fernández, Álvaro Cervantes, Karra Elejalde, Ricardo Gómez o Patrick Criado, sólo queda sentarse en la butaca y prepararse para disfrutar de un señor peliculón de los que venían echándose en falta. Y cuando digo echar en falta no me refiero a la calidad, que de esa ya hay mucha en el cine de factura española; sino por el género elegido: la Historia nacional.

Y es que España, pese a contar con una de las Historias más largas por eso de que está en el Viejo Continente y ha sido un terreno codiciado desde siempre, no cuenta con una extensa filmografía en cuanto a cine histórico se refiere si, por ejemplo, la comparamos con el cine norteamericano. En su caso, que cuentan con poco más de 300 años de historia desde que surgieron los Estados Unidos, ellos sí han sabido explotar a la perfección su breve Historia en base a películas que han narrado hechos sorprendentes, ya sean como ejemplo de superación o de lo cruel que puede llegar a ser el hombre; y que han permitido que en todo el mundo se sepa más de la Historia de los yanquis que de la propia.

En el caso de España es ahora cuando este género empieza a despuntar, tanto en la pequeña como en la gran pantalla. Y es precisamente por ello por lo que puede sorprender que se haya escogido este episodio histórico en concreto. Así, en lugar de optar por un hecho sorprendente y digno de elogio, ejemplo del saber hacer español, lo que se nos ofrece es el "canto del cisne" del Imperio español. Un canto que, a diferencia de lo que podría parecer a simple vista, se convirtió en una vergüenza nacional por todo lo que implicaba: el fin de un Imperio; el abandono de unos hombres, muchos de los cuales ni siquiera querían estar allí; y la cabezonería de otros hombres que sólo pensaban en el honor y las medallas.

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Junto a este cúmulo de circunstancias, Los últimos de Filipinas contaba con otro handicap de partida: el de las comparaciones... Evidentemente, muchos recordamos ese episodio de la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo que permitió que oyéramos hablar por primera vez de "el sitio de Baler", y motivo por el que tantos adoramos esa serie que nos permite saber más de nuestra rica Historia. Pero además está la otra película que narró esos mismos hechos, pero en una época bien distinta: 1945.

Con estos precedentes había mucha curiosidad por saber cómo se narraría ese mismo episodio, sobre todo partiendo del hecho de que en la película de 1945 lo que se hizo fue alabar a los 50 hombres que aguantaron como jabatos los ataques del enemigo filipino durante casi un año; cuando en realidad fue eso mismo lo que ocurrió más un importante detalle: que esos 50 hombres estuvieron sitiados en la iglesia de Baler porque no se creían que la corona de España había abandonado territorio filipino y se lo había vendido a la gran potencia del momento, Estados Unidos. Y lo más sorprendente fue que siguieron sin creérselo durante casi un año pese a que tanto los filipinos como los desertores españoles les repitieron por activa y por pasiva que no tenía sentido que defendieran una tierra que ya no era suya.

Casi un año hacinados en una iglesia, muriendo más por el beriberi (enfermedad ocasionada por la falta de alimentos frescos) que por las heridas de bala, enterrando a los compañeros al lado de sus camastros, y sin aceptar la verdad... Esta historia, por sorprendente y real que sea, corría el riesgo de ser vista tan solo como un ejemplo de la cabezonería española y la capacidad de unos pocos de arrastrar al resto del grupo para cometer una estupidez.

Y precisamente por ello 1898: Los últimos de Filipinas ha conseguido lo más difícil. Ha creado ese justo punto intermedio entre una película que sólo alababa el honor de los soldados españoles que no tenían miedo a morir por defender la patria, y los hechos reales que tuvieron lugar (o lo que los testigos de esos hechos han contado al mundo, pues todavía hay muchas dudas sobre lo que realmente ocurrió), y que son si cabe más sorprendentes que lo que puede verse en la película.

Así, lo que se nos ofrece es una visión de conjunto de lo que se vivió durante ese año de 1898, modificando algunas partes e introduciendo personajes nuevos que ayudan a reflejar mejor cómo fue ese día a día para los 50 hombres que acudieron con un sueño a Baler y un día, de repente, se encontraron encerrados en la iglesia.

Pero lejos de introducir esas "licencias" para crear un mayor espectáculo, pues no dejamos de estar hablando de una película donde entretener al espectador es el objetivo final; en este caso creo que esas licencias son necesarias para, por sorprendente que parezca, hacer más verosimil la historia real.

Porque por mucho que conozcamos la historia de España (o al menos parte de ella), no somos los mismos españoles que vivieron en un Imperio y para los que el honor y el ganar medallas sirviendo a la patria era lo único que importaba. Esa época ya terminó y era necesario hacer una película en consonancia con la mentalidad de ahora, donde pocos creerían que un único hombre, el Teniente Martín Cerezo (Luis Tosar), consiguió que sus hombres vivieran casi un año encerrados en una iglesia, muriendo por una mentira, y negándose a aceptar lo que el resto del mundo veía tan claro como el día, ofreciéndole pruebas de ello un día sí y al otro también.

Por sorprendente que parezca, eso fue justo lo que ocurrió. Y eso es lo que nos narra el soldado Carlos (Álvaro Cervántes) que se convierte en el narrador de un auténtico sinsentido y el fin de una época. Él será el encargado de trasladarnos a un lugar, a un tiempo y a unos hechos que, por muy alejados que parezcan de nuestra mentalidad, fueron protagonizados por hombres como los de ahora, que sufren y lloran, y ha conseguido que sintamos su misma desesperación.

Eso es lo único que les queda tras haberlo dado todo por un Imperio que se desmoronó sin ellos saberlo, por una Corona que les abandonó cuando estaban dando su vida por ella, y en una guerra que dejó de ser la suya para ser la de los norteamericanos... pero donde el que mandaba no se lo creía.

Los últimos de Filipinas o "Los tontos de Filipinas", como les increpa en un momento dado uno de los desertores del ejército. El espectador será quien decida en qué saco les mete, a tenor de los hechos reflejados en esta magistral película. Lo que es indudable es que fueron los últimos de un Imperio y de una época de la que todavía nos estamos lamiendo las heridas.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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